miércoles, 21 de febrero de 2018

Identidad de la OFS (Primera parte)

(Texto tomado del "Manual para la Asistencia Espiritual a la OFS)

IDENTIDAD DE LA OFS

1. PROYECTO DE VIDA
Es esencial comprender con claridad el carisma, la misión y rol profético de la OFS en la Iglesia y en la Sociedad de hoy, también para hacer crecer la recíproca comunión vital entre los Seglares y los Religiosos de las diferentes Ordenes Franciscanas y en la Familia franciscana.

1.1. Vocación de los franciscanos seglares
La vocación de los Franciscano seglares nace da la universal vocación a la santidad... Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica N. 941: “Los laicos participan del sacerdocio de Cristo: cada vez más unidos a El, despliegan la gracia del Bautismo y de la Confirmación en todas las dimensiones de la vida personal, familiar, social y eclesial y realizan así la llamada a la santidad de todos los bautizados.”

Los Franciscanos seglares como penitentes aspiran a la conversión del corazón sabiendo que, de tal forma, Dios los llenará de Sí mismo (Él es el Santo). San Francisco en su “Carta a los Fieles” o “Exhortación a los Hermanos y a las Hermanas de la Penitencia” presenta el “hacer penitencia” como camino de vida cristiana y hacer la voluntad y las obras del Padre. En su Testamento (1-3) describe claramente un proceso de conversión bien definido: “El Señor me dio de esta manera, a mí el hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia; en efecto, como estaba en pecados, me parecía muy amargo ver leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y, al separarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me tornó en dulzura de alma y de cuerpo; y, después de esto, permanecí un poco de tiempo y salí del siglo.”

Tal proceso de conversión, para actualizar día a día, es esencial para una vida de Penitencia:
- Dios empieza el proceso. “El Señor me dio de esta manera, a mí el hermano Franciscano, el comenzar a hacer penitencia”. Esta es la llamada, a la “vocación” del penitente.

- Dios conduce al penitente a lugares a donde él no quisiera ir; sin embargo, estos tiempos y lugares nos permiten acrecentar nuestra confianza en Dios.

- El penitente responde aceptándose y poniéndose al servicio de los otros y, en una última instancia, aceptando a sí mismo; “…y practiqué con ellos misericordia”.

- El resultado es lograr la felicidad: “…lo que me parecía amargo se retornó en dulzura de alma y de cuerpo”.

1.2. Penitencia, camino de santidad
Penitentes son todos los que quieren abrir su corazón a Dios viviendo entre la gente común que, muchas veces, aun no oyendo la exigencia de una conversión del corazón, anhela la felicidad. Todas las mujeres y los hombres franciscanos, tanto de las Órdenes Religiosas; como de las Seglares, tienen la responsabilidad de enseñar mediante las palabras y el ejemplo que la “penitencia” es un acto positivo de auto-realización: el cambio de su propio corazón que se abre a la acción de Dios en nosotros, en unión con Jesús, mediante la fuerza del Espíritu. Lamentablemente tenemos la tendencia de confundir “la penitencia” con “hacer penitencias”. Las dos cosas no coinciden.

Las obras tradicionales de penitencia a las que somos llamados: el ayuno, la limosna, son consecuencias de nuestra decisión de abrir el corazón a Dios. Las obras, de por si, no nos conducen a Dios o a la conversión, aunque nos sirven de ayuda para nuestra conversión. Por ejemplo, si el ayuno no se hace con la intención de abrirnos más a la acción de Dios, ¿Para qué sirve? Se trata solo de una dieta enmascarada detrás de una noble motivación. Si haciendo la limosna o ayudando a los pobres, como el Señor nos exhorta, lo hacemos selectivamente, damos sólo a los que según nosotros lo merecen. ¿Cómo puede esto abrir nuestros corazones a la confianza en la potencia de Dios?

1.3. Los Franciscanos seglares adoptan el carisma de Francisco de Asís
San Francisco de Asís – don de Dios a la Iglesia, a las mujeres y a los hombres de toda la Orden franciscana (Religiosos y Seculares), y al mundo – vivió el carisma evangélico que dejó a todos sus hijos, entre estos, dentro de la Familia franciscana, a los Seglares franciscanos. La Regla Franciscana Seglar, con gran simplicidad, dice que los componentes de la Familia franciscana “…se proponen hacer presente el carisma del común Seráfico Padre en la vida y en la misión de la Iglesia” . Leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica: “En la comunión de los santos se desarrollaron, a lo largo de la historia de las Iglesias, diferentes espiritualidades. El carisma personal de un testigo del amor de Dios hacia los hombres se ha podido trasmitir, como “el espíritu” de Elías a Eliseo y a Juan Bautista, porque algunos discípulos participaron de este espíritu” .

Los Franciscanos seglares siguen el mismo camino de Francisco en el seguimiento de Jesús, que consiste en sintonizar todo nuestro ser con el Señor, verdadero Dios y verdadero Hombre, que mora en nosotros. La imitación no implica duplicación o clonación. San Francisco fue el “espejo de Cristo “y también nosotros tenemos que reflejar al Señor Jesús en nuestras vidas.

1.4. Los Franciscanos seglares en el seguimiento de Jesús
Los Franciscanos seglares siguen al Jesús de los Evangelios, que fue el centro de la vida de Francisco. En la medida en que sepamos compartir el primitivo carisma franciscano, podremos ponernos ante al mundo entero como ejemplos de verdadera alegría. Los Franciscanos seglares en cuanto bautizados, tienen que dar ejemplo de una vida Cristiana vivida con simplicidad, en el seno de la Iglesia.

Lo manifiestan viviendo sus valores de:
- obediencia al Espíritu Santo,
- confianza orante en la divina Providencia,
- uso reconocido y simple de los dones del universo,
- gozar de las obras de Dios que nos rodean,
- felicidad de ser cristianos en la Iglesia,
- gratitud por el trabajo entendido como don,
- solicitud en ayudar a los demás.

Los Franciscanos, como todos los cristianos, deben ser testimonio viviente de la Encarnación, promoviendo el Reino de Dios en la sociedad. Desde el momento que el bautizado está con Jesús, ¿qué puede hacernos daño? “¿Quien nos separará del amor de Cristo? Tal vez la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, el peligro, la espada? (Rom 8,35). San Francisco escribe: “Donde hay caridad y sabiduría, no hay temor ni ignorancia. Donde hay paciencia y humildad, no hay ni ira ni desasosiego. Donde hay pobreza con alegría, no hay codicia ni avaricia. Donde hay paz y meditación, no hay preocupación ni disipación. Donde hay temor del Señor que guarda la entrada, no hay enemigo que tenga modo de entrar en la casa. Donde hay misericordia y discreción no hay ni superficialidad ni endurecimiento” .

1.5. Ambiente seglar es lo que caracteriza la Secularidad
Los Franciscanos seglares viven la vida ordinaria de los cristianos laicos. Los Franciscanos seglares obispos, sacerdotes o diáconos, viven la vida ordinaria del clero diocesano.

El clero diocesano y el laicado buscan hacer presente el don de sí mismos al mundo, como seguidores de San Francisco y de su estilo de seguimiento de Jesús, donde se encuentran, tal como son, sin pretextos, con la esperanza y la felicidad que deben caracterizar a los seguidores del Señor Jesús. Esta “secularidad”, como aspecto esencial de la vida de la OFS, debe ser interpretada por los seglares de manera reconocible en su propia sociedad y culturas.

2. Espiritualidad Franciscana seglar

2.1. La espiritualidad y las espiritualidades
Según las Constituciones generales de la OFS “es tarea del asistente…cooperar a la formación inicial y permanente” de los miembros de la OFS . Eso significa ayudarlos para que sean conscientes de su especificad. Por eso los asistentes deberían conocer las líneas guía de la eclesiología del Vaticano II y de las indicaciones principales del documento Cristifideles laici (1988) sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Además, es necesario conocer cómo están presentes las líneas guía de la espiritualidad laical en la Regla y en las Constituciones de la OFS.

La palabra espiritualidad, entre los diferentes significados, se usa para indicar ciertos estilos de vida cristiana que se conectan con las especificas condiciones existenciales (espiritualidad laical, sacerdotal, religiosa…) o con ciertas tradiciones espirituales (espiritualidad benedictina, franciscana…). Aquí se usa en ambos sentidos y por eso se habla de la espiritualidad seglar y franciscana.

La Regla OFS es verdaderamente un fruto maduro del Vaticano II y de la reflexión sucesiva, y al mismo tiempo es también una fiel expresión de la herencia espiritual franciscana.

Recordamos brevemente los puntos sobresalientes de los documentos conciliares. Los laicos: quiénes son, su índole peculiar, su dignidad como miembros del pueblo de Dios ; la universal vocación a la santidad de la Iglesia ; la íntima unión de la Iglesia con toda la familia cristiana humana ; la legítima autonomía de las realidades terrenas ; la ayuda que la Iglesia quiere dar a las actividades humanas por medio de los cristianos . El decreto Apostólicam actuositatem habla sobre la vocación y la formación de los laicos al apostolado y sobre sus fines, campos y modos de su apostolado.

La Regla confiere espíritu y rostro franciscano a las susodichas indicaciones . La síntesis entre espiritualidad laical y franciscana se vuelve luego más concreta en las Constituciones generales . En este contexto es necesario poner de manifiesto dos documentos de los Ministros de la Familia franciscana: “Yo hice mi parte”, en el octavo centenario del nacimiento de S. Francisco (1981), y “Vocación y misión de los fieles laicos franciscano en la Iglesia y en el mundo” (1989), los dos con indicaciones y propuestas practicas y vitales. En el primer documento, en el subtitulo “Cuidar los males de la humanidad con actuaciones concretas”, se describe también el rol peculiar de la OFS.

No es fácil hablar de la espiritualidad franciscana, de tal manera que logre manifestar toda la riqueza que encierra. Aquí se ponen de manifiesto los puntos fundamentales de esta espiritualidad.

2.2. ¿Qué es la espiritualidad franciscana?
La espiritualidad franciscana es una de las grandes espiritualidades que ha tenido la Iglesia en dos grandes campos; práctico y concreto, especulativo y doctrinal. Se trata de una espiritualidad caracterizada por una fuerte experiencia, que empieza en el siglo XIII con San Francisco de Asís, y luego sigue en la historia con sus seguidores hasta nuestros días. Por lo tanto, no es fácil explicarlas en pocas páginas.

En el libro Lineamenti di spiritualità francescana de M. Bortoli, se encuentra una definición simple que puede ayudar a la reflexión. El autor, hablando de la espiritualidad franciscana, escribe: “la espiritualidad franciscana es una forma de vida espiritual sustentada por el deseo de poseer siempre más intensamente la divina caridad, como respuesta de amor al Dios-Amor, por medio de Jesucristo, a El conformada mediante la observancia integral y amorosa del Evangelio” . Brevemente: observando el Santo Evangelio, se propone seguir a Jesús Cristo en el amor a Dios y al prójimo.

2.2.1 Vivir según la forma del santo Evangelio
Para san Francisco la forma vitae era más que un conjunto de varias citas evangélicas particularmente queridas por él. Queremos recordar aquí el 24 de febrero 1209, fiesta de san Matías. Francisco en la Porciúncula escucha el siguiente texto evangélico: “El reino de los cielos está cerca. Dad gratuitamente lo que gratuitamente habéis recibido. No tengáis oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas, ni mochila de viaje, ni dos vestidos, ni zapatos, ni bastón, pues el obrero es digno de su sustento.” (Mt 10, 7-10). Los bibliógrafos nos narran que cuando él oyó aquellas palabras y el sacerdote se las explico dijo: “¡Esto es lo que quiero, esto es lo que pido, esto es lo en lo que quiero hacer con todo el corazón!” .

Hay muchos mas ejemplos en los que Francisco estimula también a sus hermanos a seguir fielmente el Evangelio de Jesucristo. La manera de vivir que propone el santo es una aplicación del Evangelio. Escribiendo el Testamento, en sus últimas semanas de vida, recuerda otra vez a los hermanos el compromiso fundamental de “vivir según la forma del santo Evangelio” .
Para Francisco el santo Evangelio contiene la misma persona de Jesucristo. Para él, amar el Evangelio significa amar a Jesús, escuchar el Evangelio, escuchar a Jesús, vivir la vida tal como la vivió Jesucristo.

Viviendo de tal forma el santo Evangelio, Francisco nos dejó un ejemplo bellísimo, donde podemos ver cómo el Evangelio mismo modelaba y plasmaba su vida, haciéndolo siempre más semejante a su Maestro. Nos ha dejado el ejemplo de una vida totalmente vivida según el Evangelio.

En el Evangelio Francisco descubrió el inmenso amor del Dios Altísimo, que se nos ha revelado mediante su único Hijo Jesucristo. Dios nos ha demostrado el amor más grande dándonos el más bello don que es su Hijo único, Jesucristo. Viendo el ejemplo de Jesús, que por nosotros hombres y por nuestra salvación, se ha hecho pobre y pequeño, Francisco se hace pobre y pequeño. Responder a este gran amor significa para Francisco volverse semejante a Jesús, ser siervo de todos; hacer como ha hecho el Señor, que a pesar de ser hijo de Dios, se hizo el más pequeño de todos y el servidor de todos.

Para la espiritualidad franciscana, amar a Dios con todo el corazón y con toda el alma, y amar el prójimo como a si mismo, era siempre la tarea principal. Esto es la verdadera realidad de esta nueva forma de vida. Entregando la propia vida en manos de quien nos ama y viviendo su presencia, nos hacemos libres y sólo entonces se anuncia, con felicidad, la inmensa misericordia de Dios. Esta es la buena noticia que Francisco y todos sus seguidores han anunciado con la simplicidad y con la fuerza del Espíritu Santo.

2.2.2. Seguir las huellas de Jesucristo
La espiritualidad franciscana ve en Jesucristo al único mediador entre Dios y los hombres. Tal afirmación la encontramos también en otras espiritualidades de la Iglesia, pero en la espiritualidad franciscana estas palabras asumen un significado mucho más profundo. Cuando decimos “por medio de Jesucristo” queremos decir que, sin Jesucristo o fuera de Jesucristo, no seria concebible la relación de amor padre – hijo entre Dios y el hombre. La existencia de Jesús, Verbo encarnado, independientemente del pecado, es esencial a la espiritualidad franciscana.

Para Francisco, Jesucristo es sobre todo el Hijo del Padre por medio del cual todas las cosas han sido engendradas y renovadas. Dios lo ha mandado al mundo como salvador del hombre y de todo lo creado. Francisco se siente empujado a vivir plenamente esta realidad de fe y a proclamar la alegre noticia a todos los hombres. Reconociendo en Jesucristo el maestro, que es el camino, la verdad y la vida, a Francisco le resulta natural y espontáneo seguir sus huellas.

La idea de seguir a Jesús se le presenta como una sugerencia de gracia en su incansable búsqueda de los designios de Dios. Esta inspiración carismática lo conduce siempre más a Jesucristo. Francisco no está fascinado por el Señor grande y potente, sino por el Señor pobre, humilde y crucificado y quiere seguir siempre más sus huellas en libertad y alegría. El seguimiento de Cristo, tomado como respuesta a su amor, se convierte para Francisco en una realidad que indica el camino hacia la liberación integral, primero mediante la liberación del mal y luego mediante la orientación hacia el bien con adhesión plena a la voluntad de Dios.

2.3. La Eucaristía, centro de la espiritualidad franciscana
Otra opción muy fuerte en la espiritualidad franciscana es seguramente la vida sacramental, donde se contempla y se vive la presencia viva del Señor Jesús. El sacramento de la Eucaristía, como el don más grande del amor de Dios para nosotros, tiene un lugar prioritario en la espiritualidad franciscana. La Eucaristía nos ayuda a entender que nuestro Señor Jesucristo no nos ha dejado solos, al contrario, con su presencia viva, verdadera, real, sustancial y con su santa humanidad y su Divinidad, se quedo con nosotros hasta el fin del mundo. Esta es la razón del amor profundo y cordial de San Francisco.
En la contemplación de Jesús-eucaristía le llamaba la atención de manera particular dos cosas: la humildad de Jesús, que se digna estar con nosotros bajo el pan y el vino; y el mandato que El hace de comer de El. Tal humildad y tal invitación crean en el corazón de Francisco sentimientos de profunda humildad, junto al deseo más vivo de darse a Jesús para vivir solo con El y por El .

Escribiendo a sus frailes reunidos en Capitulo general, Francisco dice: “Así pues, besándoos los pies y con la caridad que puedo, os suplico a todos vosotros, hermanos, que tributéis toda reverencia y todo el honor, en fin, cuanto os sea posible, al santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, en quien todas las cosas que hay en cielos y tierra han sido pacificadas y reconciliadas con el Dios omnipotente. ”

Celebrar la Eucaristía, según S. Francisco, significa: celebrar la vida, celebrar el amor que para nosotros se vuelve comida de nueva vida, vida que nos ha sido dada por Dios y renovada con el sacrificio de la muerte y resurrección de su amado Hijo Jesucristo. Por lo tanto la espiritualidad franciscana encuentra, en el sacramento de la Eucaristía, el punto central y fundamental de su vida con Dios y con los hermanos.

2.4. Vivir la Iglesia
Otro tema que justamente consideramos fundamental en la espiritualidad franciscana es el de la Eclesialidad. También esto tiene su fundamento histórico en la actitud personal de san Francisco. Cada paso dado en su vocación, inspirada por el Señor, es sellado por un amor grande hacia la Iglesia, empezando por el encuentro con el Crucifico en la Iglesia de San Damián, donde oyó las palabras del Señor: “Francisco vete, repara mi casa que, como ves, se viene al suelo” . Desde aquel momento Francisco se puso a realizar, con profundo amor, el deseo del Señor.

En muchas otras situaciones Francisco expresó sus sentimientos profundos de fe y de amor hacia la Iglesia. En la Leyenda de los Tres Compañeros, encontramos la bella expresión de Francisco cuando, buscando respuestas a preguntas y dudas, decía a sus hermanos: “Vayamos, pues, a nuestra madre la Iglesia de Roma” . Vemos que para Francisco la Iglesia es como la Madre.

El espíritu eclesial en la espiritualidad franciscana, basada en el ejemplo de Francisco, se caracteriza no tanto por un compromiso de estricta obediencia y dedicación a la autoridad de la Iglesia, cuanto por el amor, el cariño, el deseo de servir a la Iglesia, de acercarse a su obra pastoral para el bien de las almas; tiene fundamento en la visión de la fe que ve en la Iglesia la presencia de Dios, o sea, la realidad sobrenatural de la Iglesia.

La Iglesia es la comunidad de las personas que comparten la misma fe en Jesucristo y viven juntos la fe como hermanos, aun con todas sus diferencias. Entramos así en otro gran tema de la espiritualidad franciscana, la fraternidad.

2.5. Vivir la fraternidad
La novedad que trajo Jesucristo con su predicación a todos los pueblos, la buena nueva que Francisco descubrió en el Evangelio, era: nuestro Dios es un Dios-Padre, Padre de todos los hombres, y todos los hombres son sus hijos. Entonces, la conclusión de Francisco era: si Dios es nuestro Padre, entonces todos nosotros, creados a su imagen, somos sus hijos, por lo tanto, hermanos entre nosotros. Tenemos el mismo Padre y por medio de Jesús, nuestro hermano, somos miembros de la misma familia.

Se trata pues, de una relación muy familiar, que Dios nos ha revelado por medio de su único Hijo. La fraternidad es por lo tanto una familia que se basa en esta verdad de fe, esto es, que vive por y en la presencia del Señor. Esta familia la forman quienes se sienten hermanos en la fe.

Vivir en la Iglesia significa vivir en la fraternidad, porque todos somos hijos del mismo Padre, somos miembros de su familia, y si somos hijos, también somos hermanos. Las palabras de Jesús: “Todos vosotros sois hermanos” (Mt. 23, 8), encontró, en el corazón de Francisco un lugar especial. Viendo que muchos venían detrás de él, para seguir este nuevo camino, en su Testamento escribía: “Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me demostraba qué debía hacer; sino que el Altísimo mismo me revelo que tenia que vivir según la forma del Santo Evangelio” .

Este pensamiento de Francisco sobre la fraternidad, como lugar donde se manifiesta la presencia de Dios, es fundamental también en la espiritualidad franciscana. Cristo es el verdadero centro de la vida fraterna. Es el que nos habla mediante los hermanos. Es el que nos une en la potencia de su Espíritu. Es el que hace de todos nosotros una cosa sola.

3. VIDA FRATERNA

3.1. Vivir el Evangelio en comunión fraterna
La vocación franciscana seglar es una llamada a vivir el Evangelio en fraternidad y en el mundo. El objetivo de la estructura organizativa de la OFS, de comunión y de participación de los bienes, está destinado a alcanzar este ideal, que se refleja en su presencia y en su misión, en un lugar concreto.

La fraternidad evangélica encuentra su fundamento en Cristo, primogénito de muchos hermanos, que hace de todos los hombres una verdadera fraternidad. La vida fraterna se edifica acogiendo la opción de la Kénosis de la Encarnación y de la Pascua, siguiendo las huellas de Cristo Servidor. De hecho “el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate para muchos” (Mt 20, 28).

Desde que Cristo dio su vida por la de los otros, el servicio implica los aspectos de la renuncia, de la humillación, del sufrimiento. El servicio es naturalmente contextualizado desde la perspectiva de solidaridad en el dolor, y no de la recompensa y reconocimiento. El compromiso por la vida fraterna y el culto (doulía) de la misma, pasan necesariamente a través de el don de un servicio (doulía) sacrificado y gratuito.

Don, porque se trata de servir al hermano, y no de aprovecharse del hermano. Servicio sacrificado, porque hay servicio donde hay sacrificio; es servicio solo lo que cuesta. Servicio gratuito, porque no exige compensación (do ut des), porque no encuentra su motivación en la obligación del esclavo, sino en la libertad del amor, en la exigencia de una solícita caridad para los otros y para la Fraternidad.

3.2. La Fraternidad como servicio

¿Qué servicio?
3.2.1. Servicio de “ llevar las cargas los unos de los otros ”
Es la primera y fundamental forma de diakonia fraterna, porque el hermano no es un objeto para dominar, sino una “carga” para llevar; y es hermano precisamente porque carga sobre sus espaldas los pesos de los otros.

La comunión fraterna se realiza en el “soportar”, como en el soportar se realizó la comunión entre Dios y los hombres. De hecho, Dios ha soportado a los hombres en el Cuerpo de Cristo, porque “El cargó con nuestros sufrimientos, soportó nuestro dolores…; fue traspasado por nuestros delitos, aplastado por nuestros crímenes. El castigo que nos da la salvación cayo sobre Él” (Is. 53, 4-5)

La comunión fraterna es la comunión con la Cruz; se percibe cuando se siente el peso del otro. Al contrario, no existiría comunión cristiana y se negaría la ley de Cristo, si no se sintiera el peso del hermano.

3.2.2. Servicio del buen ejemplo
El buen ejemplo se pone siempre en conexión y dependencia de la metanoía, que impone la transformación de si mismos, haciendo violencia a las propias pasiones y malas inclinaciones. La vida fraterna no se construye con discursos, no es el fruto de la apología de la fraternidad. Se fundamenta en cambio, sobre el ejemplo de quien está dispuesto al sacrificio, de quien supera la negación de la propia naturaleza para cumplir las obras que conducen a una renuncia, fatiga y pena de quien no se deja abandonar de la oposición mediocre, por lo que el “buen ejemplo” significa una llamada de atención.

La vida fraterna es el resultado del testimonio humilde y simple; depende da la disponibilidad personal para morir como la semilla de trigo; es la meta, nunca lograda, de una constante heroicidad de cada día.

3.2.3. Servicio del diálogo
El diálogo nace de un amor que nos hace capaces de “acoger” y nos da el valor de “comunicarnos”. El diálogo no es superficial conversación, y menos exhibicionismo dialéctico; ni discusión o simple intercambio de opiniones.

Ante todo, el diálogo es una actitud interior, una manera de ponernos frente a los otros, como persona; caracterizado por el deseo honesto de comprender y de hacerse comprender, para llegar a una mutua aceptación en la caridad y, si fuera posible también, al encuentro en la verdad.

3.2.4. Servicio de la confianza y de la estima
Confianza y estima no se conceden a los otros ni se acuerdan por simple benevolencia sino que son exigencias de ese valor que es el hermano. La benevolencia debe ser superada por la honorabilidad. El hermano es apreciable, por su valor de hombre, de Christifidelis, de franciscano. Tener estima del hermano quiere decir venerar al hermano, reconociendo en él el sacramentum Christi

3.2.5. Servicio confianza
El servicio fraterno se fundamenta sobre la conciencia de una recíproca dependencia, de una mutua necesidad y de la superación de la autosuficiencia individualista. Por eso es necesario intercambiar con confianza las propias experiencias y necesidades.

3.2.6. Servicio en la sinceridad y en la lealtad
Sinceridad y lealtad son inseparables, porque la sinceridad no se justifica en si misma; no es virtud, si al mismo tiempo no es lealtad, o sea, si no se relaciona simplemente con la verdad abstracta, sino también y sobre todo con el amor. Es cuestión de autenticidad, o sea ser concientes no solamente del propio vivir profundo, sino del profundo vivir de los otros. No se es autentico y honesto, cuando a toda costa se dice lo que se piensa, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás.

No se está en la verdad simplemente porque se dice la verdad. La verdad es realidad; se funda más sobre el plano de la acción que de la palabra. La verdad no se dice, pero se construye con el bonum. La sinceridad es posible cuando, como norma de conducta no existen solamente los pensamientos y los sentimientos de un individuo, sino también los de los demás.

La vida fraterna se realiza cuando dejamos de ser individuos y nos volvemos personas, o sea cuando se entra en relación, porque la persona nace y crece en la relación, en la conciencia de su propio valor y en el de los otros, del mutuo dar y recibir, del cuidar y entregarse, de la convivencia y de la gratitud. La identidad personal se vive y se adquiere en las relaciones fraternas.

A la luz de estas perspectivas fundamentales se comprende cómo, para quien entra a formar parte de la Orden Franciscana Seglar, la Fraternidad es un don que emana de la Profesión de vivir con particular empeño, para que las mutuas relaciones de comunión sean “lugar” de la propia santificación y de testimonio del amor de Dios, que en Cristo se nos ha revelado y entregado. De este modo la Fraternidad se convierte en una verdadera y propia misión. Por lo tanto, como “profesionales” de la Paz y del Bien, los hermanos y las hermanas de la Penitencia, vivan en el mundo como levadura evangélica , de tal forma que los hombres, viendo su vida fraterna vivida en el espíritu de las bienaventuranzas, se den cuenta de que ya empezó, entre ellos, el Reino de Dios.

4. SECULARIDAD

4.1. Dimensión seglar del carisma franciscano
La Christifideles laicis afirma que la “condición eclesial de los fieles laicos es definida por su novedad cristiana, y caracterizada por su índole seglar” .

Todos estamos convencidos del relevante lugar que Francisco, considerado hoy el hombre del segundo milenio, y su espiritualidad de comunión, de fraternidad, de respecto, tiene entre los ambientes eclesiales y laicos, si bien es verdad que no se conoce bastante la riqueza espiritual de la OFS, ni ha aparecido siempre evidente su presencia en la Iglesia y en la sociedad. La Regla y las Constituciones Generales quieren llegar a conseguir para la OFS una presencia más significativa en la Iglesia y en la sociedad.

De la secularidad de la OFS se tratará más adelante en el capítulo III, hablando de su misión. Sólo queremos decir que la vocación y la misión de la OFS representan algo importante por la especificidad de esta Orden y por ser llamada a vivir el Evangelio “en el siglo” según el carisma de Francisco de Asís. A diferencia de las conocidas órdenes “religiosas”, la OFS es una Orden seglar a la que la Iglesia, reconoce la connotación de la secularidad.

La connotación seglar de la OFS indica su pertenencia al mundo y su responsabilidad (con y en la Iglesia), hacia el mundo, con el anuncio del Evangelio para la salvación de todos. Esta vocación y este compromiso se condensan, en la Regla de la OFS, en algunas líneas programáticas y esenciales, inspiradas en la espiritualidad franciscana, que se revelan pronto en una perfecta armonía con las enseñanzas del Concilio, y responden a las expectativas de la Iglesia para la obra de restauración, que fue y sigue siendo la misión original de Francisco y de sus seguidores.

La Regla de la OFS se propone, en la línea de la experiencia de Francisco, guiar a los laicos franciscanos para asumir plenamente en sí mismos una relación positiva con Dios, a partir de su propia situación secular. Es viviendo, en la fidelidad, su propio estado, cómo ellos obran en sí mismos la conversión o vuelta hacia Dios, o sea la santidad. Por tal motivo, la Regla presenta una concepción positiva del mundo, entendido como el conjunto de los hombres, hijos de Dios para amar, y de las criaturas “que llevan de Dios significación” , como lugar en donde la redención de Cristo está presente y se actúa mediante la obra del Espíritu. De esta forma, la Regla se ofrece a los laicos franciscanos como proyecto o itinerario, preparándolos a vivir la justa relación con Dios, con los hombres y con las criaturas.

Mediante el camino de la penitencia evangélica, los laicos franciscanos son guiados a vencer en si mismos aquel “espíritu de la carne” o “sabiduría de este mundo”, que es la expresión negativa del mundo del hombre que se opone a Dios, y restaurar en si y en el mundo en el que vivimos, la nueva creación que ya esta presente desde ahora en el misterio del esconderse: tenemos todavía, de hecho, que completar en nosotros mismos aquella salvación que Cristo mereció para todos nosotros.

La Regla, de hecho, no olvida que los hombres, en su continua búsqueda de Dios, tienen que superar los obstáculos del mal que siempre está presente. Pero el mal no es y nunca será el “señor” absoluto de este mundo. Cristo lo ha vencido, aquel Cristo que, mediante su muerte en la cruz, ha reconciliado con Dios a los hombres pecadores, restableciendo la comunión de vida y de gracia, y poniendo las bases de la reconciliación universal entre los hombres mismos, entre los hombres y todas las criaturas.

Los franciscanos seglares encuentran en la Regla el proyecto evangélico y la ayuda necesaria para presentarse nuevamente como instrumentos de la reconciliación universal obrada por Cristo. Este proyecto franciscano considera la colaboración con la acción de Dios a partir del interior de las estructuras humanas. Este término “del interior” es extremamente importante, porque dice que la santidad, “la perfección de la caridad” que los laicos franciscanos son llamados a realizar, no pasa mas allá de su condición humana, sea individual o social; no se realiza “no obstante” vivan en familia, trabajen, estudien, luchen por una sociedad mas justa, por la justicia, por la paz etc., -es esta la gran verdad que San Francisco ha intuido- su santidad se consigue mediante su vivir fiel y evangélicamente todas las situaciones propias de la condición seglar.

4.2. Desde los orígenes
El acento de la secularidad, como compromiso con el mundo y por el mundo, se conecta a las más puras tradiciones del laicado franciscano. Basta pensar en la importancia que ha tenido la Orden de la Penitencia en sus primeros siglos, hasta el punto de impregnar de sí misma la entera realidad eclesial y la sociedad civil. El estilo de vida austero y el espíritu de pobreza que se había difundido en las Fraternidades, llevaban a los hermanos a distribuir anualmente lo que les sobraba de sus pertenencias. Así, las Fraternidades de los Penitentes fundaron hospitales, dispensarios, depósitos de comidas y vestuarios para los pobres y los peregrinos, etc. Este “ministerio de la caridad” es uno de los capítulos más reconocidos de la historia de los Penitentes franciscanos y todavía hoy, se puede encontrar huellas en las ciudades y en las lejanos origines de estructuras asistenciales existentes.

Los laicos franciscanos fueron conducidos también a ejercitar un fuerte influjo por el veto que tenían de llevar armas y de prestar juramento. Además, por su reputación de honestidad, por su espíritu de dedicación y desinterés, los llamaron a encargarse de delicadas funciones públicas. Existe todavía la documentación relativa a hermanos que fueron encargados de la administración de hospitales y de otras obras de asistencia; que revistieron cargos administrativos y fiscales, políticos y diplomáticos; que fueron propuestos para trabajos públicos y servicios honorables…

En tiempos más cercanos a nosotros, no tenemos que olvidar que el Papa León XIII, el Papa de la Rerum Novarum que dio inicio a la Doctrina social de la Iglesia, quiso encontrar en la Tercera Orden de San Francisco “un soporte que me ayude a defender los derechos de la Iglesia y a realizar la reforma social” .

Identidad de la OFS (Segunda parte)

5. UNIDAD

5.1. Unión orgánica
Las primeras palabras que llegan a la mente al presentar el tema “Unidad de la OFS “son aquellas de la Regla, que definen la OFS “como una unión orgánica de todas las Fraternidades católicas divulgadas por el mundo” . “La Fraternidad internacional…se identifica con el conjunto de la OFS” .
Hablar de la unidad de la OFS significa recorrer el camino, a veces no fácil, que va de la teoría a la práctica. De todas maneras, la realidad de la OFS nos presenta las bases de la unidad en estos términos: una Regla “esplendido regalo” del Espíritu Santo, aprobada y confirmada del Papa Pablo VI, que “es en vuestras manos un autentico tesoro, en sintonía con el espíritu del Concilio Vaticano II según cuanto la Iglesia espera hoy de vosotros” , las Constituciones Generales que “reafirman la unidad de los ordenamientos, de las estructuras, de las líneas formativas y operativas” ; una “Fraternidad internacional… animada y guiada por el Consejo internacional OFS (CIOFS), con sede en Roma ( Italia), de su Presidencia y del Ministro general o Presidente internacional” .

Tenemos que renovarnos y convertirnos para completar lo que falta al proyecto de unidad de la Orden Franciscana Seglar., que se manifiesta en la unidad de las estructuras de la OFS y en la unidad colegial de los Asistentes Espirituales en sus niveles; regionales, nacional e internacional. Además, teniendo presente que es el espíritu quien nos anima y que la unidad “se fundamenta en la acción del Espíritu Santo” , esta unidad está sostenida por el amor recíproco, garantizada por el servicio de los hermanos, asistida por los hermanos de la Primera Orden y de la TOR y de una más madura responsabilidad.

5.2. Caminando
El proyecto del pasado, en el que el Papa León XIII exhortaba a los franciscanos seglares a unir las propias fuerzas, y muchos de ellos sentían la necesidad de buscar una forma orgánica y permanente de coordinar las Fraternidades, se hace presente hoy “en la unidad de la Orden Franciscana Seglar” como “característica presente en el plano practico y organizativo” . La tarea, en este momento, consiste en completar en cada nación y en cada región la unidad de la Orden Franciscana Seglar expresada en los textos legislativos y afirmada con propia personalidad jurídica en la Iglesia.

Bajo este aspecto, se ha recorrido un camino de renovación y de profundización sobre la naturaleza de la OFS, el redescubrimiento del carisma franciscano, y el lugar que ocupa el Evangelio en la vida de la Fraternidad, su secularidad, su autonomía y su auto-gobierno.

Todas las naciones tienen un Consejo nacional y un Ministro, y la Asistencia Espiritual colegial, signo de unidad. Se trata entonces, por si mismo, de un fruto maduro, al que todos tenemos que contribuir para hacerlo efectivo. En particular, los franciscano deben ser capaces de saber pasar con simplicidad, y con audacia, de la norma de una Regla, de las Constituciones, de un Consejo y de un Ministro/presidente…a la vida practica de sentir y vivir la unidad y viceversa.

5.3. Promover el carisma de la unidad
También es tarea de los frailes de la Primera Orden y de la TOR saber aceptar estos cambios estructurales. Nos piden estar cerca de los laicos, de los franciscanos seglares, que, como dice el Concilio Vaticano II, tienen en la Iglesia una madurez y una responsabilidad: (los presbíteros) “no duden en confiar a los seglares trabajos en servicio de la Iglesia, dejándoles libertad y radio de acción, invitándolos incluso oportunamente a que emprendan sus obras por propia iniciativa.” . Y, parafraseando un texto de Christifideles laici, ayudar a nuestros hermanos franciscanos seglares a tomar conciencia, siempre mas clara, no solo de “pertenecer a una Orden, la Orden Franciscana Seglar, sino de ser una Orden en comunión del carisma con los hermanos de la Primera Orden y de la TOR. Por esto, ellos son la Orden Franciscana Seglar, deben tener siempre mas clara la conciencia de ser Iglesia…ellos son la Iglesia” .

En el reconocer la mayoría de edad de los laicos y nuestra responsabilidad del Altius moderamen en la asistencia espiritual, nosotros los frailes debemos saber pasar de la dirección, que a veces todavía tenemos en las Fraternidades a varios niveles, al acompañamiento y a la asistencia espiritual, siendo, al mismo tiempo, animadores de la unidad porque, incluso con ponderación, no es fácil asumirla. Es una característica también de nuestra madurez franciscana y de nuestra minoridad. En esto sentido, me parece oportuno transcribir algunas líneas de la Exhortación apostólica Vida Consagrada: “La Iglesia encomienda a las comunidades de vida consagrada la particular tarea de fomentar la espiritualidad de la comunión, ante todo en su interior y, además, en la comunidad eclesial misma y más allá aún de sus confines” . Nosotros franciscanos somos llamados a ser “apacibles, pacíficos y modestos, sencillos y humildes” , promotores de paz, reconciliación y armonía en todas las situaciones y circunstancias. ¿No debemos serlo, tal vez, de manera particular, con los hermanos y las hermanas seglares que comparten con nosotros el ideal y la espiritualidad franciscana?

Sola una respuesta positiva, de animación y de acompañamiento hacia la unidad, dirá de nosotros que hemos entendido que la OFS tiene “el carácter secular… propio y particular de los laicos” . Y, entonces, en la gran Familia franciscana, “la participación de los fieles laicos tiene una modalidad propia de actuación y de función, que, según el Concilio, «es propia y peculiar» de ellos. Tal modalidad se designa con la expresión «índole secular»” .

Dejémonos penetrar del Espíritu Santo, el Espíritu de la unidad. Dejémonos invadir de El, cuyos frutos son “amor, felicidad, paz, paciencia, benevolencia, abundancia, fidelidad, dominio de si mismo” (Gal 5,22), fundamento de la unidad del carisma. Recordemos dos textos de la carta de la Conferencia de la Familia franciscana sobre el tema de la unidad. Del primero se extrae del título: “Nuevo servicio al Espíritu”: “No tenemos que olvidar, además, que el primero efecto visible de la venida del espíritu en Pentecostés fue el de reunir en la única fe pueblos diferentes. El es el Espíritu de unidad y dondequiera que está presente crea la unidad…” . En la frase “ El Espíritu de unidad”, se encuentra también el estimulo a la unidad en la OFS: “… llamados a vivir este Espíritu de unidad sobre todo en el interior…Queremos insistir , como en la carta jubilar del año pasado, invitar a una siempre y mayor comunión y colaboración en el interior de la gran Familia franciscana… En el interior de las tres Ordenes franciscanas (…) se favorezcan encuentros también informales, intercambios , momentos comunes de oración y de reflexión, iniciativas concretas de comunión y de fraternidad” .

5.4. Desde los orígenes
Volviendo la mirada al camino recorrido por los Franciscanos seglares, nos damos cuentas que algunos pasos hechos son de gran importancia y son signos de la presencia del Espíritu. Francisco de Asís es signo del paso renovador y estimulante del Espíritu en el tiempo. Francisco dedica su vida a la penitencia, vive “en conversión “y, al mismo tiempo, entra en el movimiento penitencial. Además, Francisco es fiel al Espíritu del Señor en la Iglesia y a partir de la Iglesia, en un periodo muy confuso y de muchos movimientos que aseguraron estar guiados del mismo Espíritu, pero en ellos no reinaba la paz, ni la unidad.

Tenemos que añadir el interés que han tenido Francisco y sus frailes hacia el movimiento penitencial, con el que inicia la Tercera Orden, hoy Orden Franciscana Seglar; “los esposos decían: “Nosotros tenemos las esposas, no las podemos alejar, Enséñanos entonces el camino de la salvación: Nació así aquello que se llamó Orden de los Penitentes, aprobado por el Sumo pontífice” . Recibieron una norma de vida, que se encuentra ya delineada en su segunda redacción, con estos cincos elementos:
- amor hacia Dios
- amor hacia el prójimo;
- oposición al espíritu de la carne, a las tendencias pecaminosas del mal;
- celebración de los sacramentos, en particular, la confesión y la eucaristía;
- Actuar siempre en coherencia con la vida de conversión.

Jurídicamente esta norma de vida se encuentra más detallada en el Memoriale propositi del 1221-1228, obra de Francisco y del Cardenal Hugolino. Sus 39 artículos regulan la vida austera, la pobreza en el vestir, los ayunos, la frecuencia en el recibir los sacramentos, la obras de misericordia… El Memorial se concretiza en tres grandes Reglas en el curso del tiempo.

La Regla de Nicolás IV ( Fr. Girolamo Masci de Ascoli Piceno, minoridad) que reafirma el Memoriale. Se promulgó con la bula Supra Montem (18 – VIII – 1289) y permaneció en vigor por seiscientos años. Con la unidad de la Regla contrastaban las obediencias que se consolidaron sucesivamente como reflejo de la separación entre Conventuales y Observantes, rectificada por León X en el 1517, y de la sucesiva separación de los Capuchinos en el 1525, además de la autonomía de la Tercera Orden Regular. La Tercera Orden Seglar, además de quedar una y única, inició la distinción de las Fraternidades según la obediencia religiosa de la cual recibía la asistencia espiritual. Se creaba así, una artificiosa división según las cuatro familias de los religiosos Franciscanos. La unidad de la Orden Franciscano Seglar se iba recuperando porque los Terciarios son seglares, no frailes; la OFS no se identifica con ninguna de los ramas de al Primera Orden o con la TOR, ni con las estructuras geográficas de presencia.

León XIII publica una nueva Regla con el sello Misericors Dei Filius ( 30 – V – 1883)…. Todavía se mantiene la estructura de “obediencias”; el mismo León XIII considera a La Tercera Orden como única orden, cuando escribe, “cuando hablo de reforma social, pienso especialmente en la Tercera Orden de San Francisco”. Y en otra parte; “La Tercera Orden de San Francisco, organizada para la acción social, es capaz de dar frutos maravillosos” . La inter-obediencia, que aparece en las Constituciones del 1957, fue el primer paso para alcanzar la unidad de la OFS, existente desde del principio, pero obscurecida por la división de la Primera Orden en los diversos ramas.

Pablo VI, el 24 junio del 1978, publica la Regla actual con el sello Seraphicus Patriarcha, que tiene como Prólogo la Carta a todos los Fieles, en su primera redacción y recupera el valor y el fundamento de la palabra: “observar el Evangelio” , buscar “la persona viva y operante de Cristo” … así como el sentido de la “penitencia”, de la “conversión” , la justa relación con los bienes terrenos y el testimonio de los bienes futuros .

Además, si las Reglas de estos largos siete siglos y medio son el principal signo de “unidad” de la OFS, en nuestros tiempos la Regla de Pablo VI ha dado un empuje decisivo a esta unidad, porque se habla de una Regla, de Constituciones generales, de un solo Consejo Internacional, de un Ministro general, de una única estructura…Una estructura que olvida las “obediencias”, reflejo de la división existente en la Primera Orden. En las Constituciones Generales la obediencia no está tampoco mencionada, porque la OFS es una única Orden unida, “se rige por el derecho universal de la Iglesia y del propio: la Regla, las Constituciones, el Ritual y los Estatutos particulares” .

5.5. Indicaciones de la Regla y de las Constituciones
La Orden Franciscana Seglar tiene una personalidad propia: “Se articula en Fraternidad de varios niveles: local, regional, nacional e internacional” . Cada una de las Fraternidades en los diversos niveles tiene “personalidad jurídica en la Iglesia” , y está animada y guiada por un Consejo y un Ministro (o Presidente), que son elegidos por los Profesos en base a las Constituciones . La autonomía de la OFS, o sea la directa responsabilidad de auto dirección ( G. Paludet OFM) es indispensable porque el corazón de su espiritualidad es “vivir el evangelio en fraternidad” .

Las Constituciones Generales, posteriormente, indican que la OFS es en la Iglesia una asociación pública , que se articula en Fraternidades en los varios niveles (local, regional, nacional e internacional), cada una de las cuales tiene singular personalidad jurídica en la Iglesia . Los Capítulos de las Fraternidades en los distintos niveles tienen potestad legislativa, deliberativa y electiva .

Naturalmente, queda el vinculo de cariño, de familia, de reconocimiento entre las fraternidades de la OFS y la fraternidades de los frailes mediante el altius moderamen y la Asistencia Espiritual, buscando “vivir en reciproca comunión vital con todos los miembros de la Familia franciscana” . Pero la estructura geográfica de los frailes no tiene de ninguna manera que influir en la estructura regional de la Orden Franciscana Seglar, porque la “Fraternidad regional es la unión orgánica de todas las Fraternidades locales existentes en un territorio o que puedan integrarse en una unidad natural sea por cercanía geográfica como por comunes problemas y realidades pastorales. Asegura el enlace entre las Fraternidades locales y las nacionales, en el respeto de la unidad de la OFS y con la integración colegial de las Ordenes religiosas franciscanas que eventualmente cuidan la asistencia espiritual en el área” .

Eso se repite también al hablar de la Fraternidad nacional, que no tiene nada que ver con las provincias de los frailes: “La Fraternidad nacional es la unión orgánica de las Fraternidades locales existentes en el territorio de uno o más Estados, conectadas y coordinadas entre ellas mediante las Fraternidades regionales, donde existen” .

En cuanto a la Fraternidad internacional, ella “se identifica con el conjunto de la OFS. Tiene propia personalidad jurídica en la Iglesia” .

Queriendo indicar las líneas directrices de las nuevas Constituciones de la OFS, podemos distinguir tres aspectos fundamentales: la secularidad, la unidad de la OFS y su autonomía . En las Constituciones se delimitan exactamente las funciones del gobierno de las Fraternidades a todos los niveles, reservadas en exclusiva a los responsables seglares, las funciones de Asistencia Espiritual y pastoral, confiadas a los Religiosos de la Primear Orden y de la TOR. En esta distinción queda firme y sólida la pertenencia a la única Familia franciscana, la “comunión vital reciproca” que manifiesta la comunión de los bienes espirituales, la unidad de intenciones, la ayuda reciproca para presentar vivo en nuestros días – en nuestra vida y en la misión de la Iglesia – a Francisco y su ideal .

5.6. Mirando hacia el futuro
La unión jurídica, de por si, con su Consejo internacional y con sus Consejeros Nacionales y Regionales, es signo de crecimiento humano, evangélico y franciscano, y una ventaja para todos, seglares y frailes, la sociedad y la Iglesia, porque los hermanos son vasos comunicantes en los que los dones se intercambian y se enriquecen. Fr. Jaime Zudaire lo dice de esta manera: “la expresión comunión (común unión = unidad) orgánica dice alma y cuerpo. Alma: el afecto fraterno, el ideal común, la voluntad de servirse y ayudarse recíprocamente y hacer obras comunes para promover el bien. Cuerpo: organización, las normas jurídicas que son encarnación, signo e instrumento de la vocación a vivir en fraternidad local y universal” .

Parece oportuno referir las palabras de Francisco, que recuerdan la presencia del Espíritu Santo como animador de las fraternidades hacia la unidad: “Fue su deseo constante…mantener entre los hijos el vinculo de la unidad de manera que vivieran concordes en el seno de una sola Madre aquellos que fueron atraídos por mismo Espirito y engendrados por el mismo padre” .
La unidad de autogobierno de la OFS y la unidad de toda la familia en un único carisma son dos expresiones del esfuerzo por mantener el vínculo que nos une y para alcanzar la compenetración de dos realidades; frailes y seglares franciscanos, animados por un mismo Espíritu... “Los franciscanos religiosos y seglares, de hecho, de maneras y formas diferentes, pero en comunión vital reciproca, tienden a hacer presente el carisma del común Seráfico Padre en la Iglesia y en la Sociedad” .

Los Franciscanos seglares logran la unidad estudiando, amando y viviendo la Regla, como lo pide Juan Pablo II: “Estudien, amen, vivan la Regla de la Orden Franciscana Seglar, aprobada para vosotros por mi predecesor Pablo VI. Es un auténtico tesoro en vuestras manos, en sintonía con el Espíritu del Concilio Vaticano II y que responde a lo que la Iglesia espera de vosotros…La Iglesia os necesita para que el mundo recupere el primado de los valores espirituales” .

Esa misma exhortación de Juan Pablo II vale para los religiosos. Tienen que estudiar la Regla y las Constituciones de la OFS y amarlas para ayudar a los miembros de la Orden Franciscana Seglar a vivirlas. Porque solamente conociéndolas las amaremos y amándolas ayudarnos a vivirlas en la unidad y en la comunión de una Orden que con la Primera, la Segunda y la Tercera Orden Regular forman la grande Familia franciscana.

6. AUTONOMIA

6.1. Autonomía de gobierno en la OFS
El Papa Juan Pablo II, en el Tertio Millennio Adveniente, cita el Concilio Vaticano II: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo a todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre” . Esto significa que Jesucristo reaccionó con la autonomía propia del hombre. Por esto tiene que ser respetada la autonomía debida a cada uno de los franciscanos Seglares y a sus Fraternidades.

Según la legislación de la Regla y de las Constituciones Generales, la OFS es autónoma porque es una única Orden, guiada por responsables seglares elegidos y financiada por sus mismos miembros. La Regla dice: En los diferentes niveles, cada Fraternidad es animada y guiada por un Consejo y un Ministro (o Presidente)” . “El Consejo de la Fraternidad local está formado por los siguientes oficios: Ministro, Viceministro, Secretario, Tesorero y Responsable de la formación” .

La clave de la unidad de la OFS es la Fraternidad regional. Las Constituciones generales la definen así: “es la unión orgánica de todas las Fraternidades locales existentes en un territorio o que pueden integrarse en una unidad natural, ya sea por la proximidad geográfica,problemas comunes o realidades pastorales. Asegura la vinculación entre las Fraternidades locales y la nacional, en el respeto de la unidad de la OFS y con la integración colegiada de las Órdenes religiosas franciscanas que eventualmente cuidan la Asistencia Espiritual en el área” .

La Regla establece la financiación de la Orden, y las Constituciones Generales lo repiten: “para sufragar los gastos necesarios de la vida de la Fraternidad o para obras de culto, de apostolado y de caridad, Las Fraternidades locales procuren contribuir al pago de los gastos del Consejo de la Fraternidad de nivel superior” .

6.2. Autonomía vinculada a la unidad y la secularidad
La autonomía, con la unidad y la secularidad, representan una sola realidad. No habrá una OFS totalmente autónoma si no está unida, no habrá una OFS verdaderamente seglar, si depende de los religiosos y se identifica con los Frailes que le prestan la asistencia espiritual . La OFS se configura como unión orgánica de todas las fraternidades católicas distribuidas en el mundo, entre ellas coordinadas y conectadas . El Consejo y el Ministro de la Fraternidad de nivel superior tienen la función de conectar y coordinar las Fraternidades de nivel inferior. La unidad no puede existir sin la autonomía: autonomía y unidad son las dos caras de la misma moneda. La autonomía requiere que la OFS, tenga, a todos los niveles, “responsables seglares capaces de asumir plenamente las funciones de animación y guía de las Fraternidades, con toda la carga de fatiga, estudio, responsabilidad, disponibilidad, que todo esto comporta…; requiere por lo tanto estructuras independientes, con sede propia y auto financiación, o sea la posibilidad de poner en acto programas propios sin tener que recurrir a la ayuda de otros, sean organizaciones o personas privadas.

En la preparación de la renovada Regla de la OFS tal autonomía se pedía tanto por los franciscanos seglares como por los Ministros generales de la Primera Orden y de la TOR, que estaban convencidos de que la autonomía daría más vida y espíritu de iniciativa a la OFS . Tal actitud fue repetida en el “Estatuto para la Asistencia Espiritual y pastoral a la Orden Franciscana Seglar”, aprobado por los Ministros generales en el 2002.

6.3 Autonomía en la comunión
Es significativo que la Regla no empieza con la definición de la OFS sino con la presentación de la Familia franciscana. La OFS realiza su autonomía en relación con la “reciproca comunión vital” con los otros componentes de la Familia. Esto está de acuerdo con la visión de la Iglesia como comunión-misión y con la eclesiología del “intercambio de los dones”. La comunión eclesial no permite a las comunidades encerrarse en su propia espiritualidad, estructuras y actividades, como se dijo también en el Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales (Roma, 27-29 mayo del 1999). La reciprocidad supone el respeto a la especificidad, la colaboración supone la autonomía de los colaboradores. Es evidente que, para realizar el intercambio, deben de existir diversos dones, recibidos y cuidados, y que la identidad carismática tiene que estar muy clara. Extraordinarios o simples y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo que, directamente o indirectamente, tiene una utilidad eclesial, ordenados como están para la edificación de la Iglesia, para el bien de los hombres y de la necesidad del mundo . La OFS debe tomar conciencia de su naturaleza, de su propio papel y de su propia responsabilidad en la misión de la Familia franciscana .

Como parte integrante de la Familia franciscana ha sido llamada a vivir el carisma de Francisco en la dimensión seglar, la OFS tiene particulares, estrechas relaciones con la Primera Orden y con la TOR . De la historia franciscana y de las Constituciones de estas Ordenes, aparece cómo ellos se reconocen comprometidos, en virtud del común origen y carisma y por la voluntad de la Iglesia, a la Asistencia espiritual y pastoral de la OFS , que ejercita en el respecto a las Constituciones de la OFS y a los Estatutos preparados por las Fraternidades en los diferentes niveles .

Según las Constituciones generales OFS: “El Asistente espiritual es miembro de derecho, con voto, del Consejo de la Fraternidad a la que presta la asistencia y colabora con este en todas sus actividades” . El Asistente espiritual “no ejerce el derecho de voto en las cuestiones económicas” . El Estatuto por la Asistencia especifica más: “No goza del derecho de voto en las cuestiones económicas ni en las elecciones en sus diversos niveles” .

Los Asistentes espirituales deben inserirse en el Consejo de la Fraternidad como “Asistentes espirituales”, de acuerdo con la nueva legislación y con un nuevo espiritu de colaboración con los laicos, “dándoles la prioridad en lo que respecta a la guía, la coordinación y la animación de la Fraternidad” .

El reconocimiento de la responsabilidad que compete a los seglares no debe transformarse en una actitud pasiva de “dejar hacer”, al contrario debe ser una actitud activa; promover y colaborar para que los seglares realicen su vocación y su propia misión .

6.4. Los orígenes
Como la unidad se remonta a los inicios de la OFS, así también su autonomía, como está escrito en la actual legislación, es una vuelta a las orígenes . La figura de Francisco, la vida y la predicación de los frailes, la forma de vida dada a los penitentes tendrá como consecuencia que muchos entren en la Orden de la penitencia asistidos por los Frailes Menores . El Memoriale Propósiti (1221), ayudará a vivir la vida evangélica en fraternidad, punto fundamental en la vida de estos penitentes. Cada una de las Fraternidades tiene su propio gobierno, confiado a hermanos y hermanas elegidos por la Fraternidad. El consejo tiene la facultad de adaptar los artículos del Memoriale, previa advertencia hecha a la Fraternidad. Pasado un año, los ministros con el consejo de los hermanos elijan otros dos ministros y un ecónomo de confianza que se ocupe de las necesidades de los hermanos y de las hermanas y de los otros pobres, y (elijan) los consejeros que preferidos por ellos (de los ministros) refiriendo lo que se dice y lo que se haga en la fraternidad .

Entre el Memorial y la Regla (1289) de Nicolás IV existieron momentos de relación muy estrecha entres los Frailes Menores y la Orden de la Penitencia como por ejemplo durante la autoridad de Giovanni Parenti (1227-1232) pero parece que fray Elias (1232-1239) se opuso a esta responsabilidad. Durante la autoridad de Giovanni de Parma (1247-1257), Inocencio IV recomendó en el 1247 a los Ministros provinciales de Italia y de Sicilia la visita a los hermanos de la Penitencia, aunque un año después, puso bajo la jurisdicción de los obispos a los penitentes de Lombardía, y en el 1251 a los de Florencia. San Buenaventura (1257-1274) fue contrario a un compromiso con la Tercera Orden . En el 1284 se volvió a las buenas relaciones entre los Frailes Menores y la Orden de la Penitencia. En este año se encuentra como Visitador apostólico de los hermanos y de las hermanas de la Penitencia Fr. Caro de Florencia, que redactó una Regla para ellos. Nicolás IV con el sello Supra Montem (1289), aprobó la Regla, compuesta por Fr. Caro; mantiene todos los aspectos del Memorial, pero introdujo el “visitador” y el “instructor”. Quiso que todos los visitadores e instructores de los Penitentes fueran Frailes Menores: “Pero puesto que la presente forma de vida fue instituida por el Beato Francisco, disponemos que los visitadores y los instructores sean elegidos de la Orden de los frailes menores, a aquellos que los custodios o los guardianes de la misma Orden asignen cuando les sean requeridos. No queremos en ningún caso que esta congregación sea visitada por un laico” . El encargo prioritario del visitador era el de vigilar la ortodoxia y la observancia de la Regla.

Permanece la autonomía en la fraternidad de los laicos, como nos enseña el Capítulo de Italia, celebrado en Bolonia en el 1289 y varios capítulos regionales, en Marciano, en Bolonia y en Umbría . Con la bula Romani Pontificis Providentia (1471) de Sixto IV se termina con todo rastro de autonomía de los Penitentes y se instaura un régimen de “dependencia” de los religiosos, que durará hasta la Regla paulina del 1978 .

En la Regla de León XIII (1883) se dice: “Los varios oficios se confieren en la reuniones de los hermanos. Los oficios tiene que durar tres años…” . Pero, se rebate: “Los Visitadores elijan entre los Religiosos de la Primera Orden o de la Tercer Orden Regular…El oficio de Visitador es impuesto a los laicos” y más: “El visitador investigue diligentemente si se observa la Regla. A este fin una vez al año o más frecuente si fuere necesario, visite de oficio, convoque a una reunión general a los Ministros y hermano” .

En las Constituciones del 1957 la Tercera Orden no tiene autonomía, o sea la directa responsabilidad de la Fraternidad. En ellas se dice: “El gobierno de la Tercera Orden, según su particular naturaleza, se distingue en ‘gobierno externo’, que compete a la Iglesia y a las cuatro Familias franciscanas, y en ‘gobierno interno’ que, por derecho pertenece a los mismos Terciarios” . Los superiores de las cuatro Familias Franciscanas gobiernan ordinariamente la Tercera Orden por medio de los Comisarios Generales, Nacionales, Provinciales, de distrito y de los Directores locales . El Director o el Moderador local (…) debe estar dotado de competencia, piedad, prudencia y dedicación pastoral. Los Terciarios le deben obediencia y reverencia según el espíritu del seráfico Padre . El gobierno interno de la Fraternidad, como persona moral, compete en la Tercera Orden al Discretorio, compuesto del Ministro y de los consejeros que juntos representan el consejo del Director . Por lo menos una vez al mes (…) se tenga la junta del Discretorio, bajo la presidencia del Director . Las decisiones tomadas en la junta, si no está el Director, deberán ser revisadas bajo su aprobación. Las elecciones, en cambio, no pueden realizarse si no está presente el Director o el Visitador .

Estas citas de las constituciones de 1957 nos muestran el cambio profundo producido por la Regla renovada y por las constituciones de 1990 (actualizadas en el 2000), según las cuales la fraternidad esta guiada por el consejo y por el ministro mientras el Asistente espiritual es un miembro del consejo.

6.5. Proceso de la realización de la autonomía
Claramente y sin demora la ley establece la autonomía de la Orden Franciscana Seglar. De hecho, la OFS no será plenamente autónoma hasta que: no esté unida como una única Orden en cada Fraternidad regional y nacional; los Consejos en los diferentes niveles no sean capaces de gobernar las correspondientes Fraternidades; no sea autosuficiente económicamente.

Estas condiciones requieren superar las divisiones obedienciales de la Orden Franciscana Seglar introducidas por parte de la Orden de los frailes en el curso de la historia; la independencia de los frailes en la dirección interna de las Fraternidades, y la independencia económica

Para realizar la autonomía prevista no faltan problemas. Hay Fraternidades plenamente concientes de su propia autonomía. Pero hay aun situaciones opuestas en que existe una cierta dependencia de la Fraternidad de los religiosos o de la Asistencia espiritual. Tal dependencia es muchas veces deseada por los mismos seglares porque no están preparados para asumir las propias responsabilidades. En estos casos las Fraternidades aparecen menos significativas en el ambiente eclesial y social.

En general hay todavía una gran necesidad de formación para la autonomía. Este tema necesita trabajarse de manera particular en la formación inicial y en los primeros años después de la profesión, y también mediante los programas de la formación permanente. Muchas veces para esta formación podrá ser todavía indispensable la ayuda del Asistente. Un signo de la autonomía está en el asumir responsabilidades en el consejo de la Fraternidad.

Otro problema es la relación entre el autogobierno de la OFS y el rol del Asistente espiritual y pastoral en la Fraternidad y en el Consejo. La espiritualidad de la OFS no es una espiritualidad de reflejo en la que se imita la espiritualidad de los religiosos. No es posible el intercambio de dones si la OFS es vista como ayuda para la vida y misión de los religiosos; no hay intercambio si los religiosos, asistiendo a la OFS, buscan colonizarla aportando la propia visión del carisma franciscano y de los valores franciscanos. Se necesita profundizar en la reflexión teórica y práctica sobre las líneas que lleva la espiritualidad franciscana seglar para nuestros tiempos. Para este trabajo el Asistente debe ofrecer su ayuda, muchas veces necesaria, pero debe estar atento y respetar las competencias del Consejo y del Ministro de la Fraternidad.

Lo dicho para la autonomía vale también para la Juventud Franciscana. El modelo de “Estatutos nacionales de la JUFRA” dice: “La Fraternidad local está animada y guiada por un Consejo que consta de un Presidente, del Vice-Presidente y por lo menos de un Consejero, elegidos…por la Junta local…también son miembros del Consejo el representante de la OFS y el Animador o Asistente espiritual.” . No solamente los Animadores y Asistentes pero también los Franciscanos seglares que forman parte de la JUFRA deben ser muy sensibles para no tomar en el Consejo la dirección de la Fraternidad.

Los documentos sobre la JUFRA, no dicen nada sobre los medios parar financiar la JUFRA. La OFS, como responsable de la JUFRA deberá ayudarla económicamente. De todas maneras, se necesita que las Fraternidades de la JUFRA se esfuercen por crear sus propios medios, para tener la debida cuota de autonomía.

7. FORMACION

7.1. Agentes y responsables de la formación
Las Constituciones recuerdan bien que “los hermanos son responsables de su propia formación para la vocación recibida del Señor de manera siempre más perfecta” . Pero añaden sobre la responsabilidad en la formación: “Conscientes de que el Espíritu Santo es el principal agente de la formación y siempre atentos a colaborar con El, los responsables de la formación son: el mismo candidato, la Fraternidad entera, el Consejo con el Ministro, el Maestro de formación y el Asistente” .

7.2. Agentes

7.2.1. Espíritu Santo
“El Espíritu Santo no sólo santifica mediante los sacramentos y los ministerios al pueblo de Dios y lo guía y lo adorna de virtud, sino también distribuyendo a cada uno los propios dones como a Él le complace, entrega entre los fieles de cada Orden gracias especiales, con las que los hace idóneos y preparados para asumir las diferentes actividades y tareas para renovar y expandir la Iglesia., según las palabras: “En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien de todos” .

El Espíritu Santo es la fuente de la vocación, el principal agente de la formación, el alma de la vida fraterna . Es el que:

- Hace nacer a la nueva vida, que nos hace participes de la naturaleza divina, y nos confirma que somos hijo de Dios (Cfr. Gn. 3,5-8; 2 Ped 1,4; Rm 8,14-16);

- Revela y comunica la vocación fundamental, hacia la santidad (Cfr. Ef 1,4-5) y se hace principio de su realización conformándonos a Cristo, haciéndonos participes de su vida como hijos; caridad hacia el Padre y los hermanos (Cfr. Gal. 4,6; 5,25)

- Enseña lo que es necesario para el seguimiento de Cristo( Cfr .Jn. 14-26; 16,13-14)

- Refuerza al hombre interior comprendiendo la grandeza del misterio de Cristo y de su amor que supera todo conocimiento (Cfr. Ef 3,16-19);

- enriquece con dones y gracias particulares que hacen capaz de asumir oficios y servicios para el bien común (Cfr. 1Cor 12,4-11);

- Da fuerza para testimoniar a Cristo, enseña como portarse y qué decir en la necesidad. (Cfr. Hch. 1,8; 8,14-17; Lc. 12,11-12);

- Consuela, aconseja, asiste, sustenta en las diferentes circunstancias de la vida; ayuda nuestra debilidad e intercede por nosotros (Cfr. Gn. 14,16-17.26; Rm 8,26-27);

- asocia a la resurrección de Cristo (Cfr. Rm 8,11).
La Regla describe la acción del Espíritu Santo sobre el candidato, como:

- providente: les prepara la “familia de acogida” franciscana suscitada en la Iglesia…

- estimulante: les “aviva” a entrar en ella para seguir a Jesucristo de igual manera que a Francisco .

- Iluminador y confirmador; los introduce en la verdad, o sea en el misterio de Cristo, en la Iglesia, en las acciones litúrgicas, sobre todo en la Eucaristía , porque como escribe san Francisco, “el Espíritu del Señor, que vive entre sus fieles, el mismo recibe el santísimo cuerpo
y Sangre del Señor; todos aquellos que no participan del mismo Espíritu y presumen de recibir el Señor, comen y beben su condenación.” .

7.2.2. San Francisco
En la vida, Francisco fue lleno del Espirito Santo, actuaba y hablaba bajo su impulso . Consideraba que:
- sus hermanos habían nacidos, a semejanza de Jesús, de una madre pobre por virtud del Espíritu Santo a quien consideraba el Ministro General del Orden ;

- para seguir las huellas de Jesús se necesita estar interiormente purificados, iluminados por el fuego del Espíritu Santo ;

- el hombre nuevo, o sea el hombre que ve con los ojos de Jesús, y actúa evangélicamente, es el que tiene “el Espíritu del Señor y sus obras” .

- El Espíritu alcanza el conocimiento de las realidades espirituales aun sin instrucción humana , y une al alma fiel a Jesucristo y la convierte en su esposa .

7.2.3. Candidato
El candidato es el protagonista y centro, sujeto y objeto de su formación: el es el directo interesado.
El resultado de la acción formativa está unido a su docilidad, a la acción del Espíritu Santo sobre él, a su colaboración eficaz, y a la obra de los responsables de la Fraternidad en su favor.

Acogido el “impulso” del Espíritu Santo que lo invita a lograr la perfección de la caridad en su propio estado, viviendo el Evangelio a la manera de san Francisco en la línea señalada por la Regla de la OFS , comienza el camino formativo que le conduce a clarificar dentro de sí mismo y a prepararle para trabajar en la adhesión a la vocación, ratificada por la Promesa de vida evangélica, o profesión, que confirma su “pertenencia” a la OFS.

Su compromiso tiene que mirar a:
- responsabilizarse hacia Dios, hacia sí mismo y hacia la OFS para analizar con serenidad y seriedad los motivos que lo empujan a iniciar la experiencia franciscana, a medir sus capacidades y disponibilidad, a evaluar las eventuales dificultades subjetivas y objetivas para los compromisos que derivan de la elección:

- abrirse con completa disponibilidad a la luz del Espíritu y a la ayuda de los responsables para recibir el valor del “ánimo” a la experiencia franciscana y el significado que para él asume, el criterio en juzgarla y la responsabilidad de secundarla;

- aprender y a servirse del discernimiento que viene a la luz y por la fuerza del Evangelio y con el don del Espíritu Santo, como principio cognoscitivo que le permite recibir la llamada
de Dios en las diferentes circunstancias de la vida, y como criterio de interpretación y de elección para la ambivalencia que puede presentarse y para el entrecruce de las dificultades y de las potencialidades, de elementos negativos y de razones de esperanza que contienen;

- Servirse del discernimiento para no aislar los factores positivos absolutizándoles de manera que se contradigan entre ellos y se combatan recíprocamente; y de descubrir también en los negativos algún valor que espera ser liberado y reconocido en su verdad plena.

- Cultivar las cualidades humanas necesarias para construir una personalidad equilibrada en el camino hacia la maduración humana y cristiana, que es señal de una profunda armonía de la persona, de una rica y conciente posesión de la verdad, de la capacidad de darse, de la plena conciencia de detalladas responsabilidades en la comunidad civil y eclesial, del veraz testimonio de fe en cada momento de la vida: familiar, profesional, social, política.

Para todo esto se necesita: apertura al amor por la verdad, a la lealtad, al respeto por los otros, fidelidad a la palabra dada, a la coherencia, al equilibro de juicio y de comportamiento, a la capacidad de relación con los otros, importante esta, sobre todo para quien quiere formar parte de la Fraternidad franciscana.

7.3. Responsables
El responsable tiene que ser capaz:
- de sujetar sin dominar;
- poner las condiciones para que el candidato pueda encontrar “su” forma;
- realizar funciones activas y de observación.

7.3.1. Fraternidad
La Fraternidad con su estilo de vida, intensamente comunitario, profundamente eclesial, dinámicamente misionera, “es llamada a ayudar a los hermanos en este camino con la acogida con la oración y con el ejemplo” .

Para este fin la fraternidad debe instrumentarse como la escuela para poder desarrollar la vocación franciscana, el sentido eclesial y animar la vida apostólica de sus miembros y hacer Franciscanos seglares auténticos que han seguido las huellas de San Francisco.
Para favorecer tal estilo de vida es recomendable también el cuidado del ambiente en el que se realizan los encuentros.

7.3.2. Consejo con el Ministro
Alma y guía de la Fraternidad es el Consejo del cual el Ministro es el primer responsable . El Ministro tiene que :
- establecer el programa en conformidad con las directivas superiores;
- animar al Maestro de la formación y seguir el trabajo para poder juzgar los resultados y para estar en grado de aceptar o no al candidato a la admisión y a la profesión;
- programar los encuentros:
- procurar siempre estar al día y favorecer el crecimiento de todos los miembros.
7.3.3.Maestros de formación

El Maestro de formación debe estar :
- preparado y disponible, con capacidad de comunicar y en posesión de aquellos contenidos culturales que ha de transmitir;
- tener conciencia de su trabajo, espíritu de Dios, competencia, empeño por todas las personas, tensión interior;
- tener presente el carisma del Fundador y las raíces profundas sobre las cuales se funda e interpretarlo a la luz de los signos de hoy y de las nuevas exigencias eclesiales y sociales;
- sentirse siempre “enviado” de la Fraternidad;
- favorecer el acoplamiento pleno y de felicidad de los candidatos en la Fraternidad;
- cuidar las relaciones personales con cada persona;
- comprender sus experiencias y motivaciones;
- saber elegir modos y tiempos por corregir los comportamientos equivocados;
- tener relaciones constantes con el Asistente y con los otros responsables.
Todo en una entrega total como respuesta a la confianza recibida y a la fuerte petición de ayuda.

7.3.4.Asistentes Espirituales
El Asistente Espiritual es signo concreto de comunión y de responsabilidad de la Primera Orden y de la Tercera Orden Regular hacia la OFS .

En la Fraternidad lleva su servicio como hermano en san Francisco y como maestro y guía en persona Christi e in nomine Ecclesiae (en la persona de Cristo y en el nombre de la Iglesia) .

- como hermano, comparte el mismo ideal y participa, también de una forma diferente, de el mismo carisma e igual misión de Francisco. De este modo viven la comunión vital y reciproca entre todos los seguidores de san Francisco .

- como maestro y guía revela a Cristo que salva y mediante el ministerio sacerdotal, trasmite entre los candidatos la gracia de Cristo para que puedan ejercer su sacerdocio común, propio de todos los bautizados . Favorece, así, la comunión con la Iglesia, garantizando la integridad de la fe y la disciplina eclesiástica .

(Este texto ha sido tomado del "Manual para la Asistencia Espiritual a la OFS)

Formación para Aspirantes a la OFS

FORMACIÓN PARA ASPIRANTES A la OFS

ASISTENCIA ESPIRITUAL. OFM. 2013

EL ASPIRANTADO

CONSTITUCIONES DE LA OFS. Art. 39 
1.  La petición de admisión a la Orden es presentada por el aspirante al Ministro de una  Fraternidad local o personal con un acto formal y, si puede ser, por escrito. 

2. Las condiciones para la admisión son: 
 profesar la fe católica, 
 vivir en comunión con la Iglesia, 
 tener una buena conducta moral, 
 mostrar signos claros de vocación (Cfr. c. 316). 

3.  El  Consejo  de  la  Fraternidad  decide  colegialmente  (en  votación  secreta)  sobre  la  petición y da respuesta formal al aspirante y lo comunica a la Fraternidad. 

4.  El  rito  de  admisión  se  desarrolla  conforme  al  Ritual  (Cfr.  Ritual  de  la  OFS,  Parte  I,  notas  preliminares,  10ss;  Cap.  I)  .El  acto  es  registrado en  el  Libro  de  Registros  y  conservado en el archivo de la Fraternidad.  

Vamos a explicarlo en dos lecciones que son:
1. La Orden Franciscana Seglar, institución de la Iglesia. 
2. Condiciones de ingreso en el noviciado. 

Lección primera
LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR, INSTITUCIÓN DE LA IGLESIA 

LECTURA del Evangelio de san Juan (15,1-18)
1 « Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que en mí no da  fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. 4 Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no  permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. 6 Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. 8 La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos. 9 Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. 10 Si guardáis mis  mandamientos,  permaneceréis  en  mi  amor,  como  yo  he  guardado  los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. 12 Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que el que  da  su  vida  por  sus  amigos.  14  Vosotros  sois  mis  amigos,  si  hacéis  lo  que  yo  os mando.  15  No  os  llamo  ya  siervos,  porque  el  siervo  no  sabe  lo  que  hace  su  amo;  a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 16 No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. 17 Lo que os mando es que os améis los unos a los otros. » 18 « Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado  antes que a vosotros.  

V./ Palabra de Dios

LECTURA FRANCISCANA: 1Celano 27
San  Francisco  volvió  lleno  de  gozo  y  habló  así  a  los  hermanos:  "Confortaos,  carísimos, y alegraos en el Señor; no os entristezcáis al veros tan pocos; ni os asuste mi simplicidad ni la vuestra, porque como me ha mostrado en verdad el Señor, Dios nos  hará  crecer  en  gran  multitud  y  nos  propagará  hasta  los  confines  de  la  tierra. Para,  vuestro  provecho,  me  siento  forzado  a  manifestaros  cuanto  he  visto; gustosamente  lo  callara,  si  la  caridad  no  me  obligara  a  comunicarlo.  He  visto  una gran  multitud  de  hombres  que  venían  deseosos  de  convivir  con  nosotros  bajo  el mismo hábito de  nuestra  santa vida y  bajo  la  Regla  de  la bienaventurada Religión. 

Resuena todavía en mis oídos la algazara de quienes iban y venían según el mandato de  la  santa  obediencia.  He  visto  caminos  atestados  de  gente  de  toda  nación  que confluía  en  estas  regiones.  Vienen  los  franceses  aceleran  el  paso  los  españoles; corren los alemanes y los ingleses, y vuela veloz una gran multitud de otras diversas lenguas.

Al escuchar todo esto, los hermanos se llenaron de gozo saludable, sea por la gracia que el Señor Dios había concedido a su Santo, sea porque, anhelando ardientemente el bien de sus prójimos, deseaban que éstos multiplicasen a diario el número de los hermanos para ser salvos todos juntos. 

V./ En alabanza de Cristo y de nuestro padre san Francisco. 
R./Amén

Si  habéis  venido  a  esta  reunión  es  sin  duda  porque buscáis  una  vida  cristiana  más profunda. Se os ha dicho que podríais encontrarla en la OFS, y es verdad. Porque la OFSno es una asociación de mera devoción a la orden franciscana, sino una institución de la Iglesia.  Para  comprenderla  y  apreciarla en  su justo  valor  hay  que  mantenerse constantemente en una perspectiva eclesial. 

La Iglesia ha hecho suya la iniciativa de san Francisco. La ha aprobado, la ha vigilado, la ha  adaptado  a  través  de  los  siglos.  Lleva  ocho siglos  haciendo  esta  labor.  Las constituciones  que  acaba  de  darle  prueban la  solicitud  actual  de  la  Iglesia  hacia  esta institución que es suya. 

I. La Iglesia viva de Cristo 
1. Lo que ella es 
Sin entrar  en  grandes  discursos,  recordemos  sencillamente  que  la  Iglesia  es  Cristo  y  todos los que le están unidos por el bautismo. La Iglesia es la viña de Cristo, el cuerpo místico de Cristo, un solo organismo viviente. Si en ella se distinguen los clérigos de los laicos,  no  olvidemos  que  todos  en  Cristo  son  Iglesia,  que  todos  unidos somos responsables del trabajo de Cristo: el Reino de Dios. 

2. Esta Iglesia está en marcha 
Cristo la compara al grano de mostaza que se desarrolla y se convierte en un gran árbol (Mt 13, 31- 32), en San Pablo habla de la edificación de la Iglesia (1 Cor 14, 12), en la que los cristianos deben trabajar hasta alcanzar la talla perfecta de Cristo. (Ef 4, 12-13). La Iglesia es, por lo tanto, un organismo vivo que crece y debe seguir creciendo. Esta progresión lleva dos direcciones: 

a) Debe  extenderse  en  el mundo  para  alcanzar  a  todos  los  hombres  de  todos  los tiempos  y  lugares  (misiones),  para  llegar  a  todo  el  hombre  (no  solamente  a  su  vida religiosa, sino también a su pensamiento, a sus afectos, a su trabajo, a sus diversiones, a sus luchas...), para llegar al mundo entero (no está todavía convertido y este trabajo, de volverle hacia Dios, es el que ha de efectuar la Iglesia). 

b) Debe  extenderse  dentro  de  nosotros  mismos  porque  no  estamos  todavía completamente convertidos (el  pecado  habita  en  nosotros,  existe  en  nosotros  una inclinación al mal, un divorcio entre el bien y el mal, cf. Rom 7, 14-24). El bautismo no ha borrado  todas  las  huellas  del  pecado original,  y, en  la  lucha  contra  Cristo,  Satanás (“Estad vigilantes” y “guardaos”, nos alertaba san Francisco) encuentra en nosotros sus aliados, si no lo hacemos. 

El  esfuerzo  del  cristiano  consistirá  en  vencer,  con  la  gracia  de  Dios,  esas  malas tendencias  y  en  darse  totalmente  a  Cristo.  El  reino  de  Dios  debe  crecer  también  en nosotros, el grano de mostaza debe desarrollarse en cada uno. 

II. Doble orientación de trabajo para el cristiano 
Como consecuencia de estas verdades, el cristiano, aun el laico, como miembro vivo de Cristo, debe tomar parte en esta doble tarea de la Iglesia. 

1. Extender el reino de Dios en el mundo
Es  la  línea  del  apostolado.  Y va  desde  el  apostolado  en  sentido  amplio  hasta  el apostolado organizado por organizaciones apostólicas. 

2. Extender el Reino de Dios en el interior de nosotros mismos 
Que es la línea de actividad cuyo objetivo es la conversión personal. Este esfuerzo de conversión necesita que hagamos un PROYECTO DE VIDA, tal que nos permita  una  conversión  permanente  (la  penitencia)  que  nos  lleve  a  hacer  y  desear  la Voluntad de Dios (vivir el Evangelio).

3. Advertencia 
Cuando  afirmamos  que  hay  dos  líneas  de  actividad  no  queremos  decir  que  puedan dejarse a libre elección; para cada cristiano las dos son indispensables. Tampoco queremos  decir que sean  independientes la  una  de  la otra. Es  ilusorio creer que se puede hacer apostolado sin santificación propia. Y no es menos ilusorio pensar en la santificación propia sin preocuparse de la salvación de los demás. 

III. La OFS, movimiento de espiritualidad 

1. Puesto de la OFS en la Iglesia 
Lo  que  precede  nos  permite  situar  a  la  Orden  en  su verdadero  puesto  dentro  de  la Iglesia.  Se  sitúa  en  la  línea  de  santificación.  Su  objetivo  es  ayudar  a  los  cristianos  a convertirse sin cesar, a vivir siempre más y más a Cristo. Los franciscanos y franciscanas seglares no se hacen religiosos: permanecen laicos. Pero la OFS es para ellos una escuela de perfección. La Iglesia ha previsto esta institución para facilitarles poder alcanzar una santidad integral y propia para ellos (léase Constituciones Art. 1). 

CC.GG. Art. 1 
1. Todos los fieles están llamados a la santidad y tienen derecho a seguir, en comunión con la Iglesia, un camino espiritual propio)

2. En la Iglesia existen muchas familias espirituales, con diversidad de carismas. Entre éstas se encuentra la Familia Franciscana que, en sus diversas ramas, reconoce como padre, inspirador y modelo a San Francisco de Asís. 

3.  Dentro  de  la  Familia  Franciscana,  desde  sus  inicios,  ocupa  un  lugar  peculiar  la  Orden Franciscana  Seglar    [1].  Esta  está  integrada  por  la  unión  orgánica  de  todas  las  Fraternidades católicas, cuyos miembros, movidos por el Espíritu Santo, se comprometen con la Profesión a vivir  el  Evangelio  a  la  manera  de  San  Francisco,  en  su  estado  seglar,  observando  la  Regla aprobada por la Iglesia (Después de las Reglas aprobadas por el Papa Nicolás IV, en el año 1289, y por el Papa León XIII, en el 1883, la Regla actual ha sido aprobada por el Papa Pablo VI el 24 de junio de 1978).  

Art. 2
1. La vocación a la OFS es una vocación específica, que informa la vida y la acción apostólica de sus miembros. Por consiguiente, no pueden formar parte de la OFS quienes ya están vinculados, mediante compromiso perpetuo, a otra familia religiosa o Instituto de vida consagrada. 

2. La OFS está abierta a los fieles de cualquier condición. A ella pueden pertenecer: 
-- los laicos (hombres y mujeres) 
-- los clérigos seculares (diáconos, sacerdotes, obispos).  

2. Pero ¿es la santidad para los laicos? 
Muchos parecen creer que la santidad está reservada para los sacerdotes, religiosos y religiosas. Es un error. Nuestro calendario presenta cantidad de santos y santas de toda condición,  de  todas  las  clases  sociales,  de  todas  las  profesiones,  de  todas  las  edades. Han llegado en su estado a vivir con perfección el amor a Cristo. Se tiende demasiado a ver  en  ellos  «excepciones»,  debidas  a  temperamentos  o  vocaciones  especiales.  Y  a causa de este error hay una falsa concepción de la santidad. Se confunde la santidad con ciertos signos extraordinarios de la misma (milagros, visiones, éxtasis...). 

La santidad es primordialmente un don de Dios. 
La hemos recibido todos en el bautismo (san Pablo dirige sus cartas a los «santos» que están en Corinto, en Éfeso, en Colosas...). Es la vida de Dios comunicada a sus hijos. Pero este grano de mostaza debe desarrollarse, para no correr el riesgo de ser sofocado. De aquí  la  llamada  de  Cristo,  dirigida  a  todos  los  hombres  sin  excepción:  «Sed  perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 48). 

Ahí tenéis amplio margen para un trabajo consciente de santificación. Porque la gracia debe animar toda la vida. Ser cristiano entraña lógicamente un nuevo modo de enfocar la vida. Cristiano es aquel que piensa como Cristo, que juzga como Él y se esfuerza en seguir  su  voluntad.  Y  así  debe  cristianizar  su  vida  entera.  No cabe  oposición  entre  lo profano y religioso, entre la vida terrestre y la del cielo. Dios quiere las dos. La vida de aquí  abajo  no  es  más  que  el  comienzo  y  la  preparación  de  la  otra.  Dios  quiere  que vivamos como hombres y que esta vida plenamente vivida nos conduzca a la felicidad que nos prepara. 

El camino hacia la santidad no es, pues, un privilegio de clérigos, religiosos y religiosas. Todo cristiano, por el hecho de su bautismo y de su confirmación, tiene el derecho y el deber  de  acceder  a  la  plenitud  del  desarrollo de  la  vida  divina  en  sí  mismo,  no precisamente como los clérigos y religiosos, sino como un laico, con sus compromisos en el mundo (matrimonio, trabajo, política...). 

De  todas  formas  para  evitar  confusiones  y  mal  entendidos  la  fórmula  de  la profesión dice: “perfección de la caridad cristiana”. Es decir que, en un camino de  penitencia y conversión,  nos proponemos amar al  prójimo  un  poco más  cada día.  Esta es la  forma franciscana concreta de entender la santidad. Eso sí: con la ayuda del Espíritu Santo, de la  Santísima  Virgen  María,  de  san  Francisco  y  con  la  comunión  de  TODOS (con  lacomunión de los santos) los hermanos y hermanas. Solos nosotros no podemos.

3. ¿Cómo llegar a esa santidad? 

a) Utilizando los medios ordinarios de la Iglesia: 

1. Los sacramentos. 
El bautismo nos ha equipado sobrenaturalmente (1 Tes 5, 8); las fuerzas que nos da  nos  permiten  pensar,  juzgar  y  actuar  como  Cristo.  La  eucaristía  alimenta continuamente  esta  vida  en  nosotros,  dándonos  el  cuerpo  de  Cristo,  Todos  los sacramentos sostienen y desarrollan en nosotros la vida divina. 

2. La escucha obediente de la Palabra

3. La oración frecuente

4. Los mandamientos y directrices de la Iglesia. Nos muestran el camino y son en cierta manera el «modo preciso» de emplear la creación. Nos enseñan a no echar a perder la obra de Dios, sino a completarla. 

5. Además de esto, la Iglesia, bajo la iniciativa de sus hijos, trata de sostener y' de  intensificar  el  esfuerzo  de  los  cristianos  por  medio  de  diversas asociaciones  piadosas  o  benéficas  -cofradías-,  organizando  así  una  acción apostólica.  De  este  modo  los  ayuda  a  realizar  más  generosamente  los compromisos de su bautismo. 

b) Introduciéndonos en la escuela de un santo con garantía de la Iglesia: 

1. Demostración general 
Para llegar a una meta difícil, los hombres sienten necesidad de una disciplina, de una regla de vida más precisa. En el curso de la historia se puede comprobar cómo los cristianos, aun los laicos, instintivamente se dirigen a los santos pidiéndoles un programa de perfección.  De este modo  nacieron  las  órdenes  terceras, como las demás órdenes religiosas. 

2. Nacimiento de la ORDEN FRANCISCANA SEGLAR
La Orden Franciscana  Seglar nació en el corazón del Seráfico Padre el día en que un  grupo  de  almas,  conmovidas e  impulsadas  por  sus  palabras,  le  pidieron  las dejara  acompañarle  por  los  caminos  que  él  recorría  siguiendo  las  huellas  de Cristo, en cuyo nombre iba repitiendo: "Sed perfectos" (Mt 5, 48). Pero, como no Asistencia Espiritual era posible que todos practicaran los consejos evangélicos, Francisco recordó que  todos,  si  lo querían,  podrían  tender  a  la  perfección  dentro  de  su  estado  y conseguirla  sin  abrazar  el  estado  de  perfección.  Todos podrían,  negándose  a  sí mismos,  ser  dóciles  instrumentos en  las  manos  de Cristo,  prontos  a  cualquier deseo del Redentor, a cualquier señal suya. Y esta completa y perenne adhesión a la voluntad de Dios, esta afectuosa pero robusta entrega a Él y a su querer, este complemento y perfección de vida a la luz del Evangelio puede ser y servir para todos los cristianos y lo ha sido de hecho para muchos en todas las épocas. 

CC.GG. (CONSTITUCIONES GENERALES) Art. 28
1. La Fraternidad de la OFS tiene su origen en la inspiración de San Francisco de Asís, a quien el Altísimo le reveló la esencia evangélica de la vida en comunión fraterna (Cfr. Constituciones, 3,3; Testamento, 14) 

2.  (Regla  20)  "La  OFS  se  divide  en  Fraternidades,  de  diversos  niveles" (local,  regional, nacional  e internacional), con el  fin de promover de forma ordenada  la unión y la colaboración mutua  entre los hermanos y su presencia activa y comunitaria, tanto en la Iglesia particular (diócesis, parroquia) como en la  Iglesia  universal.  La  OFS  favorecerá,  además,  el  compromiso  de  las  Fraternidades  al  servicio  en  el mundo y de modo particular en la vida de la sociedad. 

3. La  OFS nació  para  corresponder  a  tal  sed  de  heroísmo  en  aquellos  que, habiendo  de  permanecer en  el  mundo,  querían  ser  la  levadura  del  mundo.  La Orden  Franciscana Seglar quiere, pues, almas que, dentro de su estado, anhelen la  perfección»  (Pío  XII,  1° de  julio  de  1956).  Si  la  sal  se  vuelve  sosa,  ¿quién  la salará? ó ¿para qué sirve?

4. La OFS tiene así un fin bien determinado 

La  OFS  no  se  limita  a  favorecer  la  práctica de  una  devoción  o  de  una  actividad particular. Quiere empapar toda la vida del bautizado, dándole una espiritualidad, un medio de vida que sostenga, dirija y fecunde sus esfuerzos.

CC.GG.  Art.3.  
La  vocación  a  la  OFS  es  una  llamada  a  vivir  el  Evangelio  en comunión  fraterna.  Con  este  fin,  los  miembros  de  la  OFS  se  reúnen  en comunidades eclesiales, que se llaman Fraternidades.  

ORIENTACIÓN DE VIDA 
Cristo  quiere  que  sean perfectos  como  su  Padre  celestial, su  voluntad  (su Palabra) es eficaz, es decir, realiza lo que quiere. Continúa  hoy  su  obra  de  santificación  en  la  Iglesia,  principalmente  por  los sacramentos. Por tanto, durante este mes, sed muy fieles en recibir la fuente de toda santidad: Jesús Eucaristía. 

CUESTIONARIO 
1. ¿Qué se viene a buscar en la OFS? 
- Una vida cristiana mejor y más profunda en la escuela de san Francisco. 

2. ¿Se puede hablar de la OFS fuera de la Iglesia? 
- No.  La  OFS  es  una  institución  de  la  Iglesia.  Debida a  la  iniciativa de  Francisco,  ha  sido  aprobada y adaptada por los soberanos pontífices. Hay que tener en cuenta que, para todo lo que se refiere a la vida cristiana, no se puede perder de vista a la Iglesia. La misión de la Iglesia es extender el Reino en el mundo. 

3. ¿Cuáles son las dos líneas principales de su actividad? 
- Para continuar la obra de Cristo, la Iglesia debe: 
 extender el reino de Cristo en el mundo y 
 enraizarle más y mejor en cada uno de sus miembros. 

4. ¿Es también responsable de esta labor el laico cristiano? 
- Sí. Miembro vivo de Cristo, el laico cristiano debe participar en esta doble tarea: 
 siendo TESTIGOS E INSTRUMENTOS del Reino de Dios
 y trabajando en su conversión personal. 

5. ¿Estáis convencidos de que personalmente se os llama a la santidad? ¿Tenéis deseos de ser 
santos? 

6. ¿Vuestra condición de laicos os será un obstáculo? 
- No. Mirad a qué estado de vida pertenecen los santos del calendario. Además, la condición del  laico  en  la  Iglesia  la  quiere  Dios  para  realizar  su  plan.  A  pesar  de  las  dificultades que encierra,  no  es  obstáculo  a  la  expansión  de  la vida  divina  en  el  hombre.  Por  otra  parte,  la vocación  a  la  santidad  no  os  obliga  a  hacer  cosas  extraordinarias.  Se  trata  de  hacer extraordinariamente  bien  la  vida  ordinaria.  Lo  importante  es  el  cómo  hacemos  las  cosas,  el amor que ponemos en nuestros actos diarios.

7. ¿Cuál es el punto de partida de la santidad? 
- El bautismo. El pequeño bautizado que sale de las aguas bautismales es santo.

8. ¿La santidad es don de Dios o esfuerzo del hombre? 
- Antes  que  respuesta  del  hombre,  es  don  de  Dios.  La  misma  respuesta  del  hombre  no  es posible  sin  la  gracia  de  Dios.  

9. ¿Cuáles son  los  medios  ordinarios  de  santificación?  - Los sacramentos, la escucha de la Palabra, la oración confiada y frecuente  y toda la vida eclesial, los  mandamientos  de  Dios  y  las  directrices  de  la  Iglesia,  las  asociaciones  apostólicas  y  de piedad creadas por la Iglesia. 

10. ¿Qué diferencia existe entre la OFS y otra  asociación o grupo eclesial?
La  OFS  no  fomenta  solamente  la  práctica  de  una  devoción  o  de  una  actividad  particular. Quiere impregnar la vida entera del bautizado dándole una espiritualidad y un ideal de vida que sostengan,  dirijan  y  fecunden  sus  esfuerzos.  Esta  diferencia  la  quiere  la  Iglesia.  Son  los carismas del Espíritu Santo.

11. ¿En qué sentido presenta la OFS la ley general de santidad traída por Cristo? 
- En  cuanto  ayuda  al  cristiano  «a  realizar  la  conversión-penitencia  evangélica  mediante  la observancia de la santa regla en su vida individual y social» (CC.GG. art. 2). 

12. ¿Cuál es la misión de la OFS en la Iglesia? 
- La misma que recibió san Francisco del Cristo de san Damián: “ve, y repara mi Iglesia”, desde el  servicio,  el  ejemplo  y  la  disponibilidad  incondicional.  Siendo  una  escuela  de  hermanos y hermanas  que se esfuerzan en convertirse cada día, debido a nuestra fragilidad humana. Más concretos son los discursos de los papas Pío XII y Pablo VI a los Terciarios.

13.   ¿Qué entendemos por OFS? 
- La Orden Franciscana Seglar es una asociación de fieles cristianos que, viviendo en el mundo 
bajo el cuidado espiritual (altius moderamen) de las ordenes franciscanas colegiadas y según su 
espíritu, se esfuerzan por seguir la perfección cristiana de un modo acomodado a la vida seglar, 
según  la  regla  dispuesta  para  ellos  por  el  Seráfico  Padre,  san  Francisco,  y  aprobada  e 
interpretada por la sede apostólica» (CC.GG. Art. 1).

Lección segunda 
CONDICIONES DE INGRESO Y NOVICIADO 

1. En general 
Toda vocación es exigente. Cuando Dios concede al hombre la gracia de una llamada, le exige  siempre  cierta  renuncia.  Hay  una  palabra  que  se  repite  continuamente en  la historia sagrada: «Deja» Así Dios llama a Abraham. «Deja tu país, tu parentela... » (Gen 12, 1). A los apóstoles: «Dejad vuestras redes; yo os haré pescadores de hombres» (cf. Mt 4, 19-20). Mateo, el publicano, «dejó todo y se levantó para seguirle» (d. Mt 9, 9).  . 

Cada una de estas llamadas supone una renuncia, después viene la promesa: «Te daré una tierra nueva... »;  «Os  haré pescadores  de  hombres... »; «Tendrás un  tesoro en el cielo... ». Las promesas del Bautismo comienzan con las necesarias renuncias…No  se  trata de un  canje,  de  un trueque.  Se exige  renunciar  a  un  bien real:  su  país, su parentela,  su  oficio,  sus  riquezas;  todo  por  una  promesa.  Una  promesa lejana, aparentemente irrealizable. «Yo te daré un pueblo»: ¿cuál, cuándo, cómo? Dios no se lo dice. 

LA VOCACIÓN

LECTURA: Mc 10, 17-22: 
17 Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le Preguntó: « Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna? » 18 Jesús le dijo: « ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. 19 Ya sabes los  mandamientos:  No  mates,  no  cometas  adulterio,  no  robes,  no  levantes  falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre. » 20 El, entonces, le dijo: « Maestro,  todo  eso  lo  he  guardado  desde  mi  juventud.  »  21  Jesús,  fijando  en  él  su mirada, le amó y le dijo: « Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme. » 22 Pero él, abatido por 
estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

V./ Palabra de Dios

LECTURA FRANCISCANA: 2 CELANO 15
Un  hombre  de  Asís  llamado  Bernardo,  que  después  fue  un  hijo  perfecto,  al  decidir despreciar  del  todo  el  siglo  a  imitación  del  varón  de  Dios,  pide  consejo  a  éste.  En  la consulta  se  expresó  en  estos  términos:  "Padre,  si  alguien  hubiera  poseído  por  largo tiempo bienes de un señor y no  quisiera retenerlos ya más,  ¿cuál sería el  partido  más perfecto que tomaría acerca de ellos?".

El varón de Dios le respondió diciendo que el de devolverlos todos a su señor, de quien los  había  recibido.  Y  Bernardo:  "Sé  que  cuanto  tengo  me  lo  ha  dado  Dios,  y  estoy  ya dispuesto a devolverle todo, siguiendo tu consejo". "Si quieres probar con los hechos lo que dices - concluyó el Santo -, entremos mañana de madrugada en la iglesia y pidamos consejo a Cristo, con el evangelio en las manos".

Entran, pues, en la iglesia con el amanecer, y, previa devota oración, abren el libro del evangelio,  decididos  a  cumplir  el  primer  consejo  que  encuentran.  Ellos  abren  el  libro; Cristo, su  consejo:  Si quieres ser  perfecto,  ve, vende  cuanto tienes  y  dalo a  los  pobres. Hacen  lo  mismo por  segunda  vez,  y tan  con  esto:  No  toméis  nada  para  el  camino.  Lo repiten por tercera vez, y tan con esto otro: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo. Ninguna vacilación: Bernardo cumple todo al pie de la letra, sin dejar pasar ni una iota.

Muy  pronto  son  muchísimos  los  que  se  desprenden  de  los  espinosos  cuidados  del mundo y vuelven, tomando a Francisco por guía, a la patria, al bien infinito. Sería largo decir cómo cada uno de ellos ha logrado el premio de la vocación divina.
V./ En alabanza de Cristo y nuestro padre san Francisco. 
R./ Amén

«Yo os haré pescadores de hombres.» Pero ¿esto es posible? ¿De nosotros, ignorantes, débiles,  impotentes,  Dios  ha  de  hacer  sus  apóstoles,  los  fundadores  de  su  Iglesia? ¿Cuándo, cómo? Ellos lo ignoran. Pero Abrahán y los apóstoles se han fiado de Dios. Han creído  en  Dios  y  en  sus  promesas;  nosotros  sabemos  que  Dios  no  los  ha  engañado; sabemos cuándo y cómo ha cumplido su palabra.

2. La llamada a la Orden Franciscana Seglar

Para ingresar en la  O. F.S., ¿se precisa una vocación especial? 
Sí. Tener el deseo de una vida cristiana más adulta y comprometida. Este deseo es una gracia y una llamada. A ésto tenemos que añadir la FORMA DE VIDA de san Francisco. Sentirnos  a  gusto  cuando  vivimos los  valores  franciscanos  de sencillez,  humildad, pobreza,  servicio… y  deben  gozarse  cuando  conviven  con  gente  de  baja  condición  y despreciada, con los pobres y débiles, y con los enfermos y leprosos, y con los mendigos de los caminos. 1R 9.

CC.GG. Art. 9
1. La  espiritualidad  del  franciscano y  franciscana seglar  es  un  PROYECTO  DE  VIDA centrado  en  la persona de Cristo y en su seguimiento (Regla 5) (Cfr. RNB, 22,41), (Carta a todos los Fieles, 51, 2), más que un programa pormenorizado para llevarlo a la práctica. 

CC.GG. Art. 10 
2. (Regla 10) "Cristo pobre y crucificado", vencedor de la muerte y resucitado, máxima manifestación del amor de Dios al hombre, es el "libro" en el que los hermanos, a imitación de Francisco, aprenden el porqué y el cómo vivir, amar y sufrir. En El descubren el valor de las contradicciones por causa de la justicia y el sentido de las dificultades y de las cruces de la vida de cada día. Con El pueden aceptar la  voluntad  del  Padre  en  las  circunstancias  más  difíciles  y  vivir  el  espíritu  franciscano  de  paz, rechazando toda doctrina contraria a la dignidad del hombre.  

Para corresponder a ella serán necesarias ciertas renuncias.  Hay algunas cosas que no son compatibles con un sincero deseo de perfección. Aunque  al franciscano seglar no le obliga un voto de pobreza, debe vivir como Administrador de los bienes recibidos por Dios y no como dueño (CC.GG. 15,3). Si no hace voto de obediencia, debe, sin embargo, tener el espíritu de obediencia (Regla n° 10 y CC.GG. art.10).

El ingreso en el noviciado supone, pues: 
a) Un auténtico deseo de perfección (léase: Constituciones n. 14, 3). 

Constituciones OFS. Art. 8 
1.  Los  franciscanos  seglares  se  comprometen  con  la  Profesión  a  vivir  el  Evangelio  según  la espiritualidad franciscana, en su condición seglar. 

2. Intentan profundizar, a la luz de la fe, los valores y las opciones de la vida evangélica según la Regla de la OFS: (Regla 7)

- en un camino continuamente renovado de conversión y de formación; (Regla 4)
- atentos  a  las  interpelaciones  que  llegan  de  la  sociedad  y  de  la  realidad  eclesial, "pasando del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio"; 
- en la dimensión personal y comunitaria de este itinerario.  

b) Una  fe  viva  en  Dios  y  en  sus  promesas.  Es  preciso  dar  más  importancia  a  las promesas de Dios que a las realidades del mundo. 

c) Un  verdadero  renunciamiento.  Todo  progreso  es  una  superación  que  exige espíritu de desprendimiento. 

3. La regla y las constituciones precisan las condiciones: 

a) Para que sea aceptado (los mínimos): 

1. Haber  cumplido  al  menos  14  años (y  menos  de  65  años),  a  fin  de  que  el compromiso pueda ser personal, consciente y eficiente. 

2. Fidelidad a la fe católica y sumisión a la Iglesia: En este punto san Francisco ofrece un magnífico ejemplo. Ha habido muchos reformadores; pero él vio claro que ninguna reforma se hace posible fuera de la Iglesia. No se puede ingresar en su orden y vivir su espíritu sin una fe firme y una adhesión sincera a la Iglesia (Const. n. 17, 1). 

CC.GG. Art. 1
5. La Orden Franciscana Seglar (OFS) es una asociación pública en la Iglesia. Se articula en fraternidades a varios niveles: local, regional, nacional e internacional. Cada una, individualmente, tiene personalidad jurídica en la Iglesia.  

3. No estar ligado con el vínculo de otra profesión religiosa ni inscrito en otra Orden Tercera.
CC.GG. Art. 2

1.  La  vocación a  la  OFS  es una  vocación  específica, que  informa  la  vida  y  la  acción  apostólica de  sus miembros. Por consiguiente, no pueden formar parte de la OFS, quienes ya están vinculados, mediante compromiso perpetuo, a otra familia religiosa o Instituto de vida consagrada. 

4. Buena  conducta:  Esto  no  quiere  decir  que  los candidatos  deben  ser  santos  o personas  perfectas,  sino  que  hayan  dado  prueba  de  cierta  virtud y  responsabilidad personal y social; porque, generalmente, no se cambia de un día para otro. 

b) Para los signos de vocación:
1. Tener un carácter amable y pacífico. Para ingresar en una fraternidad es preciso tener un mínimo de espíritu fraternal, sin el cual se corre el riesgo de ser elemento disolvente (que destruya la fraternidad). 

2. No tener deudas por propia culpa (que no sea “mala paga”). Esto lo exigen la justicia, la pobreza y la caridad cristiana. 

3. Las mujeres casadas deben dialogar junto con el marido (lo mismo el marido, pero la mayoría son mujeres y son las que sufren los problemas, desgraciadamente)la entrada en la Orden, por respeto al sacramento del matrimonio. Esto evitará que se provoquen conflictos en la familia. Puede haber excepciones, no obstante, (consultar al ministro de la fraternidad o al asistente espiritual). 

4. No ser propenso a formas insólitas (cosas raras) de piedad. La OFS no puede favorecer ninguna forma de superstición; por eso exige desde el principio una religiosidad sana. Mucho cuidado con las sectas y otras formas religiosas.

c) Además, los candidatos harán un aspirantado de un año

Sentido de estas condiciones 
a) No son solamente un medio de control para apartar a los inoportunos, sino más bien un conjunto de disposiciones necesarias al candidato que desea, y como indican las Constituciones en el Art. 38: está destinado al DISCERNIMIENTO DE LA VOCACIÓN Y AL MUTUO CONOCIMIENTO ENTRE LA FRATERNIDAD Y EL ASPIRAN Art. 38 

1.  (Regla  23)  El  período  de  iniciación  es una  fase preparatoria  del  tiempo  de  formación propiamente 
dicho,  y  se  destina  al  DISCERNIMIENTO  DE  LA  VOCACIÓN  Y  AL  MUTUO  CONOCIMIENTO  ENTRE  LA 
FRATERNIDAD Y EL ASPIRANTE. Ha de garantizar la libertad y la seriedad del ingreso en la OFS. 

2. La duración y los modos de desarrollar el período de iniciación los establecen los Estatutos nacionales. 

II. Condición para ser admitido a la profesión: el noviciado 
Si fuera necesaria una confirmación de todo lo que precede, esta nueva exigencia nos la proporcionaría.  Aunque  el  aspirante  haya  cumplido  las  condiciones  anteriormente expuestas, aún no le admite la Iglesia a un compromiso definitivo. Le exige un noviciado de un año completo a partir de la toma de hábito. 

1: ¿Qué es el noviciado? 

Un tiempo de prueba y de formación. 
a) Tiempo de prueba 
El novicio debe probar con su conducta la seriedad y la fuerza de sus resoluciones. Pero debe también ejercitarse en esta nueva vida y ver si le conviene y si responde a lo que él espera y a sus necesidades. Puede ocurrir que una persona no responda a las exigencias de la orden y deba, por lo tanto,  ser  despedida.  Puede  ocurrir  igualmente  que  una  persona  no  se  encuentre encajada  en  este  género  de  vida,  que  no  se  sienta  todavía capaz  de  asumir  las obligaciones o que la espiritualidad de la orden no cuadre con su temperamento. Queda en este caso completamente libre de renunciar a hacer su profesión. 

b) Tiempo de formación teórica y práctica 
El novicio debe estudiar la Regla y la vida de san Francisco. El maestro o la maestra de novicios  le  enseñará  todo  lo  que  un  novicio  debe  saber.  En  efecto,  no  sería  normal comprometerse  con  una  promesa  desconociendo  su  sentido  y  su  alcance.  Y no  es suficiente  un  estudio  teórico.  La  formación  mejor  y  más  profunda  se  adquiere  con  la práctica. El novicio está, por lo tanto, obligado a observar la regla de la OFS y a participar en las actividades de apostolado de la fraternidad. 

2. ¿Qué sentido tiene el noviciado?
Al exigir el noviciado, la Iglesia señala la importancia que tiene la profesión en la O. F. S. Adviértase  que  no  lo  exige  para  ingresar  en  ninguna  cofradía  o  asociación  piadosa. Quiere evitar el peligro de  que se tome  este compromiso  a  la  ligera.  Y  da a entender también que hay que asegurar una formación seria a cada persona. Sin formación seria, no hay profesión responsable ni verdadero compromiso. 

ORIENTACIÓN DE VIDA 
Sin renunciamiento no hay vocación a una santidad más alta. "si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. (Mt.16, 24). Traten durante este mes de sacrificar tal o cual manía, tal o cual capricho.  Traten de  sostener  con  menos  terquedad  su opinión.  Hagan de estas renuncias un acto de amor a Cristo. 

CUESTIONARIO 
a) De la admisión 
I. ¿Quién puede ingresar en la Orden Franciscana Seglar? 
- Todo cristiano católico que haya cumplido I4 años. 

2. ¿Hay que admitir a todo el que se presenta? 
- No. Cada candidato debe ser examinado seriamente sobre los motivos que le mueven 
a dar ese paso. 

3. ¿Cuáles deben ser esos motivos? 
- Pueden ser varios, pero es suficiente y necesario estar animado de un sincero deseo de 
vivir más intensamente la vida cristiana. 

4. ¿Hay otros motivos? ¿Son suficientes? 
- Puede  uno  ser  atraído  por  cierto  interés  (para  conseguir  la  salvación,  para  ser acompañada por los hermanos y hermanas en los momentos de dolor, los cantos…);
-por simpatía hacia otras personas (influencia de  un sacerdote a quien no se le puede negar lo que desea, de un amigo, del padre, de la madre…); 
-para cumplir una promesa («He prometido a mi madre reemplazarla»); 
-para  obtener  una  gracia  (Prometí  entrar  en  la  OFS cuando  mi  hijo (madre,  padre…estaba enfermo, en agonía…): para hacer como todo el mundo (en ciertas ocasiones). Estos  motivos  no  son  suficientes en  sí  mismos,  pero pueden  ser  el  punto  de  partidahacia una renovación de la vida interior. Toca a nosotros el avivarla. 

5. ¿Hay más condiciones que cumplir? 
- Sí. La Regla y las Constituciones exigen además al candidato: una buena conducta, que sea responsable, carácter amigo de la concordia, fidelidad a la fe católica y sumisión a la Iglesia y a la sede apostólica. La experiencia nos exige insistir sobre todo en el espíritu de  concordia  y  en  la  buena  conducta.  La  caridad  es  un  punto  capital.  Todo  el cristianismo  y  el espíritu  franciscano  descansan  sobre  esta  virtud. Donde falta  ella,  no hay posibilidad de construir nada. Por otra parte, suele ocurrir que se reciben personas que  no  pagan  sus  deudas,  que  sus  hogares  no  marchan  bien,  que  son  ocasión  de escándalo a su alrededor. Estas personas deben ser despedidas si no dan pruebas de un cambio en serio. 

6. ¿Qué debe hacer quien desee entrar en la Orden? 
- Debe ponerse en contacto con el asistente espiritual de la fraternidad, la maestra de formación o, también algún hermano o hermana. Es preciso que el candidato se tome esta  molestia.  Hay  personas que están esperando años  enteros diciendo:  «A  mí  nadie me  ha  invitado.» Pero  es  responsabilidad  de  los  hermanos  ofrecer las  ocasiones(organización de encuentros, charlas, retiros, películas…).

b) Sobre el aspirantado y el noviciado 
1. ¿Qué es el aspirantado? 
- Es  un  período  de  preparación  al  noviciado  de  –mínimo- un  año, durante  el  cual  el aspirante debe adquirir los conocimientos generales sobre la doctrina cristiana, la vida de san Francisco y la OFS y aclarar su vocación cristiana. 

2. ¿Qué es el noviciado? 
- Un  tiempo  de  prueba  y  de  formación  para  el  novicio,  que  debe  demostrar  con  su conducta la seriedad de su resolución. El novicio, por su parte, debe darse cuenta si la OFS responde a sus necesidades espirituales y a su temperamento. 

3. ¿Cuánto tiempo debe durar el noviciado? 
- Un  año.  Antes  de  ese  tiempo,  la  profesión  no  sería válida.  La  Iglesia  es  la  que  ha señalado este tiempo, como para las órdenes religiosas. 

4. ¿Cuáles son los deberes principales de los novicios? 
- El novicio debe estudiar el santo Evangelio, la vida  y el espíritu de san Francisco,  los orígenes y la historia de la Orden, las prescripciones de la Regla y de las constituciones y participar en los apostolados de la fraternidad. Sin  embargo,  no  olvide que  lo  más  efectivo  ha  de  ser  su  esfuerzo  personal.  Es  más importante vivir que estudiar. Por lo mismo, deberá entrenarse en vivir más seriamente su vida cristiana. 

5. ¿Por qué la Iglesia exige un noviciado? 
- Pretende  con  ello  hacer  resaltar  la  importancia  de  la  profesión  en  la  OFS Quiere impedir que se tome este compromiso a la ligera y dejar bien claro que es preciso darle a cada uno una sólida formación. 

6. ¿Es suficiente conocer la Regla y las Constituciones de la OFS? 
- Ciertamente,  no.  Para  quien  ignora  la  espiritualidad  franciscana,  la  Regla  no  es  más que  un  conjunto  de  prescripciones  áridas,  un  cuerpo  sin  alma.  Es  el  espíritu  de  san Francisco, su ejemplo que entusiasma, su amor ardiente, su transparente alegría, lo que da vida a la Regla. 

7. ¿Cómo conocer el espíritu franciscano? 
- Estudiando  cuidadosamente  la  vida  y  el  ideal  de  san  Francisco.  Las  instrucciones  de este  manual  se  proponen  ayudaros  a ver  el mundo como él  lo veía, a  enfocar la  vida como  él  enfocaba  la  suya  y  a  impregnaros  del  Evangelio.  Esto  exige  un  esfuerzo  de formación. Es preciso también haber leído con reflexión, algún libro con la vida de san Francisco.

San Francisco es nuestro modelo. ¿Cómo conocerle sin estudiarle? ¿Y cómo seguirle sin conocerle?  (Seguimos  a  san  Francisco,  porque  estamos  seguros  y  la  Iglesia  nos  lo confirma, que es  experto seguidor de Cristo. Le llamaban “el segundo Cristo”, para decir que era el que le seguía más de cerca).

Para una mirada general sobre la vida del franciscano  y franciscana seglar
 Son misericordiosas,  perdonan y piden perdón, porque se saben perdonadas por Dios.

 Son humildes, sencillas,  dan gracias al Padre y buscan su Gloria, como Jesús que dejó de lado su categoría de Dios, obedeciendo hasta su muerte en la cruz. Flp. 2

 Son maduras, responsables y auténticas, como Cristo nos enseñó a ser personas.R14

 Se sienten llamadas personalmente por Dios a seguir a Cristo, R1

 Viven el Evangelio según la forma que Dios inspiró a san Francisco de Asís, y la Iglesia lo confirmó. (Honorio III, Nicolás IV, León XIII, Pablo VI). R4; CC.GG nº1

 Leen y estudian el Evangelio-y la Regla- para hacer su Proyecto de vida, R5; CC.GG.9

 Son testigos e instrumentos de la Misión de Cristo(El Reinado de Dios) y de la Iglesia, R6

 Se comprometen en un camino de conversión que transforma toda su persona, para  asemejar su forma de pensar y obrar a la de Cristo(Bienaventuranzas) R7

 Se unen a todos los demás creyentes en la oración al Padre, R8

 Hacen oración de forma confiada y consciente. Actualizan y re-viven los misterios de Cristo en la Eucaristía, haciendo de ellos la fuente de sus vidas. R 8 CC.GG 14

 Están disponibles incondicionalmente -como María de Nazareth- a Dios, a la Iglesia, a los ministros y a los hermanos. SON OBEDIENTES. R10

 Aceptan la voluntad de Dios aunque las cosas vayan mal. Han aprendido a vivir, a  
amar y a sufrir según el Evangelio. CC.GG.10

 Tienen el corazón purificado de todo deseo de posesión de riquezas y dominio, R 11

 Por la esperanza,  se hacen testigos del Reino futuro y, amando a todos los seres 
humanos, lo hacen presente en el día de hoy, R12

 Son fraternas, acogiendo a todos los hombres y mujeres  de forma humilde y cortés, R 

 Viven construyendo un mundo más fraterno y humano, la fraternidad universal. R 14

 Promueven la justicia, con iniciativas valientes y arriesgadas, contra toda forma de 
explotación, discriminación, marginación o indiferencia  R 13 y 15; CC.GG 22

 Consideran el trabajo como don de Dios y como participación activa  en su Creación, 
R16

 Viven en familia el espíritu franciscano en paz, fidelidad y respeto a la vida, R 17

 Respetan a todas las criaturas y el medio en el que viven: la Naturaleza global. R18

 Construyen la paz con diálogo, amor y perdón. R 19

Si piensas que puedes hacer tuyos estos puntos,  la ORDEN FRANCISCANA SEGLAR es tu oportunidad. Tan solo te queda, como a todos, CONVERTIRTE al Señor Jesús.